Críticas de Películas


'The Best Man', la política estadounidense entre bastidores

La censura franquista impidió el estreno de esta película en España




Autor: Christian Aguilera
«Teníamos algunas malas costumbres en este país. Y una de ellas es que un judío, un negro o un católico no podían aspirar a la presidencia. Pues bien, hoy un católico puede ser presidente. Y algún día tendremos a un judío como presidente. Y también tendremos un presidente negro. Después, cuando esas minorías hayan sido escuchadas disfrutaremos de un gran cambio que complacerá a la sacrificada y silenciosa mayoría. Me refiero a las mujeres. Y si alguna vez hay una mujer presidiendo la nación no veo la razón para que no sea bella y mágica como... Sue Ellen Gamadge».
Este speech pronunciado por el presidente de los Estados Unidos Art Hockstader (Lee Tracy) ante un auditorio repleto de congresistas en el Ambassador Hotel, habla por sí solo de la vigencia de un film como The Best Man. Lo es por su carácter profético a raíz de la recién elección de Barack Obama como máximo mandatario de la Casa Blanca y que puede cumplirse semejante vaticinio en toda su extensión pronunciado por Hockstader si un judíoy una mujer -estuvo cerca de ello Hillary Clinton- alcanzan la Presidencia de los Estados Unidos a lo largo de los próximos decenios.
Film nunca estrenado en nuestro país -dentro del material extra que acompaña esta impecable edición, se puede observar la reproducción del cartel que se había preparado, el de «El mejor candidato», pero que quedaría sin efecto verbigracia de la censura franquista-, The Best Man responde perfectamente a los cánones de las producciones de los años sesenta que atañen al ámbito de la política y que desprenden un claro aroma progresista en sus enunciados, decantado hacia un idealismo propugnado desde las filas del Partido Demócrata liderado por John F. Kennedy.
Aunque en el speech que se ha reproducido hay una alusión velada a John Kennedy -el primer y único católico hasta la fecha en ocupar el puesto de mayor responsabilidad en los Estados Unidos-, el guión no recoge una referencia explícita al carismático presidente debido a que aún planeaba en el ambiente un profundo pesar por su asesinato en Dallas en noviembre de 1963.
Nacida como una obra de teatro y representada por primera vez en Broadway en 1960, allí si que cabían referencias directas a John F. Kennedy, quien sería elegido presidente ese mismo año tras salir airoso de los debates televisivos que le enfrentó al candidato republicano Richard M. Nixon.
Este último y Adlai Stevenson representaron los moldes que inspiraron a Gore Vidal para confeccionar su texto teatral. En su tránsito al medio cinematográfico, Vidal pudo preservar esa idea de confrontar dos modelos de hacer política, el uno claramente decantado a trazar un paralelismo con Richard Nixon -Joe Cantwell (Cliff Robertson)-, con el detalle nada gratuito de ser al autor de un libro titulado 'The Enemy Among Us', y el otro alineado con el pensamiento de un intelectual de la política como Adlai Stevenson -William Russell (Henry Fonda)-.
La mujer que se mueve como pez en el agua en los bastidores de la política americana, Sue Ellen Gamadge (Ann Sothern), se refiere a Stevenson cuando dice a Russell que «le hizo mucho daño no tener mujer e intentar hacerse el gracioso continuamente».
The Best Man muestra a Russell en una situación próxima por la que había pasado el por aquel entonces representante de Naciones Unidas antes de fallecer en 1965: su mujer Alice (Margaret Leighton) tan sólo aparece en escena para mantener las apariencias.
Heny Fonda borda el papel de un político incapaz de traicionar su ideario, quien entiende que la máxima «elfin justifica los medios» no siempre debe aplicarse aunque sea a costa de eliminar a su rival sacando a la luz expedientes que relacionen a Cantwell con un pasado que ponga en entredicho su condición de heterosexual.
El realizador Franklin J. Schaffner, quien sustituyó a Frank Capra en el que hubiera sido su último film, conocía bien el tema porque en 1959 había adaptadopara la escena Advise and Consent, a partir de una obra escrita por el Pulitzer Allen Drury. Un asunto homosexual que incrimina a un político aspirante a ocupar un cargo de máxima relevancia en los Estados Unidos es uno de los elementos dinamizadores de la trama de Advise and Consent -adaptada al cine y estrenada entre nosotros como Tempestad sobre Washington (1962)-.
Exenta del concepto coral del texto de Drury, The Best Man se centra en el estudio de los caracteres de los dos aspirantes de un mismo partido a disputarse la presidencia de los Estados Unidos, sin aludir en ningún momento si se trata de Demócratas o Republicanos.
En aquellas fechas de extraordinaria agitación social en el país, Schaffner prefirió abordar el tema con ciertas dosis de cautela, pero dejando constancia que The Best Man se postulaba como su particular homenaje a John F. Kennedy, para quien escribió algunos discursos emitidospor televisión.
No en vano, en los créditos donde aparecen las imágenes de cada uno de los presidentes de los Estados Unidos, cuando toca colocar la estampa de JFK, se sobreimpresiona el directed by Franklin J. Schaffner, dejando sin rótulo algunoal aparecer elrostrode Lyndon B. Johnson, que ocupaba el cargo de máximo dirigente de la Casa Blanca durante el estreno del film.
En resumen, The Best Man se corresponde con una de las más aceradas y sutiles descripciones del backstage de la política norteamericana en tiempos de elecciones, con un planteamiento visual que no descuida una cierta orientación de cariz documentalista -alternancia de planos generales y primeros planos que captan el fervor de un público entregado a la causa- y con una vigencia absoluta que lo hace, a los ojos del espectador de hoy en día, un título «moderno».
Sin duda, en esta relativamente poco conocida película dirigida por Schaffner contaría con el aval de la participación de un magistral Lee Tracy, quien había participado en el montaje teatral siendo distinguido con un Tony. Su composición de un presidente al que se le ha diagnosticado un cáncer terminal -significativa la reacción de uno yotro aspirante ante semejante confesión- dejaba entreverla frágil salud del propio Tracy, quien fallecería tres años más tarde, revelándose como el mejor trabajo que realizó en la gran pantalla.
































