Críticas de Películas

'¿Teléfono rojo?, volamos hacia Moscú', cuando el destino nos alcance

Maravillosa orfebrería en un filme intemporal

 9

Aumentar el tamaño de la letra Disminui el tamaño de la letra
'¿Teléfono rojo?, volamos hacia Moscú', cuando el destino nos alcance

Autor: Lluís Nasarre

En el año 1964 dos producciones cinematográficas se centraron concretamente en la Guerra Fría, aprovechando la inquietud y la preocupación generada durante la década de los 50 en el seno de la sociedad norteamericana por los posibles ataques nucleares.

Asimismo hay que recordar que a principios de la década de los 60 -concretamente en 1962- se produjo la famosa «crisis de los misiles» (cubanos), por lo que la psicosis producida a tal efecto contribuyó a que las hipótesis de guerra nuclear generadas a lo largo de la década anterior cobraran forma cada vez más ante la inminencia de un conflicto real de esas características.

Debido a eso, no era de extrañar que parte de la población de los Estados Unidos se construyera refugios atómicos en los sótanos de sus casas. Además, y para incrementar la sensación de angustia, las noticias que llegaban fruto de la Guerra del Vietnam, incrementaban los temores por la incertidumbre que producía esa contienda.

Pero a pesar de la tensión experimentada por aquel entonces, Sidney Lumet y su guionista Walter Bernstein adaptaron 'Fail Safe', una novela escrita en el año 1962 porEugene Burdick y Harvey Wheeler, en la que ya se dibujaba el escenario que podría producirse a tenor de esos factores y las implicaciones sociales y políticas que podían derivarse.

Lumet, en uno de sus trabajos más inteligentes, nos ofrece un drama maduro, ambiguo desde el punto de vista ideológico, con una tensión in crescendo en la que los juegos y movimientos de salón de sus intérpretes alcanzan un racional grado de brillantez ante la necesidad de adoptar las extremas decisiones pertinentes que llevarán a la destrucción total, a pesar de los cargos de conciencia que tal decisión comporta.

La austera y claustrofòbica puesta en escena que nos presenta Lumet en Punto límite (1964) se debe gracias, en gran parte, a la acertada labor de su operador Gerald Hirschfeld, con un sombrío blanco y negro, conducen al espectador hacia un escenario cruel donde la locura alcanza visos de realidad. Las imágenes oníricas que se producen al inicio del film ya nos apuntan sobremanera el camino por el que transitaremos y al que vamos a desembocar sin la necesidad de que se nos muestre explícitamente.

Las elipsis introducidas por Lumet al final de su obra, refuerzan la sensación de desasosiego e intranquilidad por una situación de tamaña magnitud.Asípues, unos seis meses antes, otra obra de similares características era adaptada y convertida en película. A partir de la novela de Peter George, 'Alerta Roja', publicada en 1958, Stanley Kubrick empieza una labor que le llevará a ofreceral público la cínica y corrosiva Dr. Strangelove or: How I Learned to Stop Worrying and Love the Bomb, -¿Teléfono Rojo?, volamos hacia Moscú, título con el que se le conoce en territorio español-,el inicio de lo que podríamos denominar su trilogía de la ciencia ficción-política, que se complementaria con 2001: Una odisea del espacio -su visión en el campo científico-, y La naranja mecánica -la fábula o parábola social-.

Estas tres producciones poseen el denominador común de las preguntas del individuo sobre su destino, con la constante búsqueda que ello presupone y la crítica conclusión que se extrae de ello, viendo que el resultado aboca a todos sus personajes a la antesala de la muerte.

Cuando Kubrick rodó Dr. Strangelove había acaparado la atención de propios y extraños con Senderos de gloria, Espartaco y Lolita, por lo que era un director consolidado dentro de la Industria y los logros conseguidos en sendas producciones le permitieron afrontar a partir de entonces una serie de proyectos más ambiciosos con condiciones de realización exclusivas y libertad absoluta para llevarlos a cabo.

A pesar de que el material de base ofrecido por la novela de Peter George tiene una connotación claramente dramática, Kubrick decidió cambiar las tornas y ayudado por el propio novelista y el guionista Terry Southern, transformaron su argumento y lo convirtieron en una comedia negra y surrealista, o como diría el propio Kubrick «de pesadilla».

A partir de ahí, Dr. Strangelove en manos del director de Atraco perfecto y sus colaboradores, se convertiría en la crónica de la fragilidad de la estructura nuclear de los Estados Unidos. Su descripción de la crisis, banalizando sobre un grave problema que, dentro de aquel contexto histórico, atenazaba a todo el mundo, se enriquece muchísimo con el trazo dado a toda la «fauna» que compone la galería de personajes que aparecen en el film.

Entre ellos podremos encontrar a ridículos militares ansiosos de combate y/o de sus consiguientes correctivos; políticos simples y bufones fuera de juego. La visión del espectador ante semejantes caricaturas -el futuro de la humanidad está en sus manos- le coloca en la difícil situación de tomarse la función como una farsa y reirse, o bien, asimilar lo que está contemplando como la parte de una realidad en la que vive y, una vez dentro de lo grotesco de la situación, esbozar unasonrisa.

Dr. Strangelove es una sátira cruel e inteligente que funciona gracias a la confección de un equilibrado guión que aporta diálogos perfectamente estructurados entre personajes que van de la incapacidad de acción a la locura.

Entre ellos podremos encontrar el General Buck, interpretado de forma magistral por George C. Scott,que no es capaz de concentrarse ni de pensar friamente si no es para manifestar su carácter anticomunista y fascista; el del ineficaz presidente de los Estados Unidos (Peter Sellers, quien se inspiraría en el aspirante Demócrata a la Casa Blanca Aldair Stevenson), quien muestra su total incompetencia para gestionar la crisis; el del Dr. Strangelove (Peter Sellers, de nuevo), un científico nazi reconvertido a los proyectos norteamericanos, o el de el Mayor Kong (Slim Pickens sustituyendo al inicialmente previsto Peter Sellers) que decide en el último momento mostrarnos sus habilidades en el rodeo, cabalgando una «desbocada» bomba.

Con estos personajes muy bien dibujados, la película se mueve en tres escenarios claramente definidos: el de la base aérea, uno de los bombarderos que participan en el ataque a la Unión Soviética o la sala de operaciones del Pentágono con el presidente y los máximos dirigentes políticos, militares y científicos del país.

Este diseño le permite a Kubrick alternar escenas delirantes con otras de marcado acento realista para reflejar las carencias de estructura del gobierno, así como la incompetencia del sistema de defensa norteamericano. La falta de comunicación que se produce entre los tres escenarios provocará finalmente la destrucción de la humanidad, a pesar de las cien mil personas que, según el Dr. Strangelove, deberán pasar cien años escondidas en los agujeros más recónditos del planeta, agazapados, esperando que terminen los efectos nocivos de la radioactividad.

En definitiva, Kubrick descuartiza los modos y costumbres de cada escenario, desnudándolo para incidir en una suerte de sátira afín a sus intereses. Por otra parte, a nivel técnico encontramos toda una serie de aciertos en su plasmación en imágenes, merced a una sabia utilización del zoom, unas escenas bélicas que alcanzan un grado de veracidad increíble por la utilización de la cámara en mano(derivaciones del denominado cinéma verité) y un diseño de producción, que es un prodigio de ingenio visual, ajustadísimo en los decorados-escenarios que utiliza.

En muchos momentos en el que la acción se desarrolla en el bombardero o la sala de operaciones, el blanco y negro de la fotografía servido por la mano del operador Gilbert Taylor alcanza connotaciones oscuras, claustrofóbicas y opresivas que encontrarían su replica en la utilización del color para algunas de la secuencias de La naranja mecánica.

Capitulo aparte merece la interpretación de unos actores protagonistas que están dispuestos a someterse a los designios de un guión que utiliza los arquetipos habituales para reirse de ellos hasta límites insospechados ya que a mi modo de ver, Kubrick que no debía tener un sentido del humor muy elevado pero si grandes dosis de ironía y mala uva; estos componenteslos exprime para sacar partido al enfoque caricaturescoque pretendía llevar a cabo.

Todos brillan a gran altura: George C. Scott, Sterling Hayden, Slim Pickens, Keenan Wynn yun joven James Earl Jones (como el primero, reclutado por Kubrick tras observarun montaje teatral de El mercader de Venecia). Pero el que brilla por encima de todos es un Peter Sellers que acomete tres papeles distintos y que se convierte en la guinda del pastel. Sus momentos como presidente en las charlas con el premier ruso o sus aportaciones como mad doctor, dotan a la acción de los matices ofrecidos por el guión de la película.

En definitiva, Dr. Strangelove es una película atemporal, con una factura de orfebrería maravillosa que se ofrece a generaciones pasadas y venideras con toda la frescura que destilan sus imágenes. A partir de entonces, Stanley Kubrick empezó a mostrar al mundo sus dotes como narrador perfecto y perfeccionista que necesitaba lanzar al viento o al mundo sus inquietudes más o menos oscuras. Eso sí, el sentido de la hilaridad ya no encontraría acomodo en sus siguientes producciones.

Desarrollado por Hispanetwork

Términos y condiciones | Contacta con nosotros | Publicidad | Sitemap | Webmasters
©2004 - 2012 Factoría Virtual de Proyectos, S.L.

Estamos Rodando - Críticas de Películas - '¿Teléfono rojo?, volamos hacia Moscú', cuando el destino nos alcance