Críticas de Películas

'Solo se vive una vez', crítica a las raíces

La etapa norteamericana de Fritz Lang

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'Solo se vive una vez', crítica a las raíces

Autor: Joaquín Vallet Rodrigo

La etapa norteamericana de Fritz Lang da comienzo de manera casi continuísta a como habían sido sus dos últimos films alemanes, M., el vampiro de Düsseldorf y El testamento del dr. Mabuse. En ambos, desde una vertiente marcadamente simbólica, había ofrecido la visión profética de un país en el que se estaba gestando un monstruo de dimensiones impredecibles y cuyo crecimiento nadie parecía querer evitar, mostrando a una sociedad impotente ante la amenazadora presencia de la muerte (M., el vampiro de Düsseldorf) o unos estratos oscurantistas y perversos cada vez más presentes en la civilización (El testamento del dr. Mabuse).

Dos advertencias de la barbarie nazi que fueron el detonante de su marcha de Alemania y, tras una breve estancia en Francia, su asentamiento definitivo en los Estados Unidos. Lang observa la personalidad y el modo de vida de los norteamericanos con profundo ojo crítico, quizá desconfiado debido a la situación en la que se hallaba Alemania (así como otros países europeos) e intuyendo que una coyuntura social y legal tan discutible y delicada como la estodounidense no estaría a salvo ni de los peligros del exterior ni mucho menos de sus propios monstruos internos.

Es en esta situación en la que surgen dos de las piezas más negras y pesimistas de toda su filmografía: Furia y Solo se vive una vez. En ambas queda expuesta, de forma harto explícita, una crítica brutal hacia las raíces legales de un país que hace de las condenas interminables y de la aplicación inmisericorde de la pena de muerte la única forma de tratar los graves problemas sociales y de reinserción que acontecen en sus fronteras.

Si Furia mostraba, directamente, el salvajismo de los ciudadanos aparentemente más respetables, convertidos en una turba inclemente cuando se agrupan en una masa, Solo se vive una vez da por obvia dicha condición (mostrada en la secuencia en que Henry Fonda es conducido al coche policial ante las increpaciones de un numeroso grupo) y se centra en las dos víctimas de la historia a quienes se les niega cualquier forma de aclimatación a un sistema que los priva, constantemente, de las oportunidades necesarias.

Asimismo, el punto de vista de Fritz Lang vuelve a centrarse en la fatalidad como un factor que escapa al control humano y que marca su trayecto vital. En efecto, para el personaje de Fonda no existe la más mínima ocasión de desviarse de una existencia marcada por la muerte, ya que éste es su destino inexorable y no hay posibilidad alguna de variarlo.

La bellísima escena en la que se encuentra, al salir del penal, con Silvia Sydney besándola a través de los barrotes sin ser plenamente consciente de su libertad materializa la barrera que separa a ambos personajes y que, constantemente, intentarán superar: por un lado, todas las trabas sociales ya esbozadas y, por otro, un fatum totalmente adverso.Solo se vive una vez es una de las piezas más poéticas de toda la filmografía de Fritz Lang.

La escenificación de una emocionante historia de amor que alcanza intensidades, en verdad, inigualables, en el marco de un film de postura profundamente crítica. Una de las grandes obras de un genio del cine.

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