Críticas de Películas


'Río Rojo', la ruta Chisholm

Viaje quimérico cargado de dramatismo




Autor: Tomás Fernández Valentí
Río Rojo es el primer título de importancia de Howard Hawks dentro del género. También es uno de los primeros grandes guiones de Borden Chase -ese mismo año otro argumento de Chase había servido de base para El hombre de Colorado (1948)-, quien luego sería una de las piedras angulares del ciclo de westerns realizados por Anthony Mann en la década siguiente, y el principio de la consagración de Dimitri Tiomkin como uno de los especialistas de la música del género.
Se inspira en una novela de Chase basada, a su vez, en la historia real de la que fuera conocida como ruta Chisholm, la ruta ganadera más importante de aquella época. El Tom Dunson encarnado aquí por John Wayne es uno de los personajes más antipáticos de la historia del género. Presentado al principio del relato como un hombre joven y emprendedor, en la línea de los héroes clásicos del western(curiosamente, Wayne luce en esas primeras escenas un vestuario parecido al que llevaba en La gran jornada), luego le vemos evolucionar, quince años más tarde, convertido en un ganadero arruinado que, con tal de remontar su negocio, está dispuesto a atravesar las mil millas que le separan de Abilene llevando 9.000 cabezas de ganado, el mayor traslado de animales nunca realizado.
Esa decisión le hará cometer todo tipo de arbitrariedades, desde marcar todas las reses que pastan en sus tierras, tanto si son suyas como si no (aunque se compromete a pagar su precio de venta a sus auténticos dueños), hasta emprender una ruta suicida con la mayor manada jamás reunida, soportando todo tipo de inclemencias ambientales, mala comida y la amenaza de ser atacados por indios y forajidos.
Su determinación le lleva en ocasiones a conducirse con crueldad: no da cuartel a sus agotados hombres; intenta castigar severamente con el látigo a uno de ellos que ha provocado una estampida del ganado; se enfrenta a tiros a otros tres que intentan abandonarle de la única manera que pueden hacerlo, es decir, por la fuerza de las armas; e intenta ahorcar a otros dos que han desertado de su grupo de vaqueros.
Ya desde el principio Dunson hace gala de dureza, pues nada más conocer al que acabará siendo su protegido, Matthew Garth, se palpa una tensión entre ambos: el joven Matt (Mickey Kuhn), único superviviente de la matanza de su familia, se presenta ante Dunson y su colega Groot (Walter Brennan) traumatizado por los horrores que ha visto y en estado de shock; Dunson le abofetea para que recupere la cordura y, al instante, Matt desenfunda su revólver. Quince años más tarde, Dunson y el ya adulto Matt (Montgomery Clift) son como padre e hijo, aunque tienen una forma distinta de ver las cosas.
Pero Dunson no es «el malo» (aunque le veamos hacer cosas detestables) ni Matt «el bueno» (aunque luego sea capaz de traicionar a Dunson), sino dos hombres amantes de su oficio que, como siempre en Hawks, actúa a modo de metáfora del destino de los seres humanos: sus personajes son como son porque su profesión dicta su forma de ser y decide de un modo u otro su pasado, su presente y su futuro.
El realismo con que están dibujados los personajes y las situaciones de penuria o de peligro que afrontan anuncia posteriores logros del género, como por ejemplo el Cowboy (1958) de Delmer Daves. Las escenas del transporte de ganado, todas excelentes, se combinan brillantemente con secas pinceladas humanas que contribuyen a ir cargando de espesor dramático el desarrollo de ese viaje que tiene algo de quimérico: Matt y el joven pistolero Cherry Valance (John Ireland) disparando a un bote para demostrarse el uno al otro su puntería; el gesto del vaquero que no para de coger azúcar del carromato de provisiones de Groot y que, al final, tendrá trágicas consecuencias (al tirar accidentalmente los cacharros, provocará una estampida en el curso de la cual morirá uno de sus compañeros); las miradas de Groot -un siempre espléndido Walter Brennan- a Dunson, recriminándole en silencio su dureza y sus errores; el disparo de Matt al madero, arrancando astillas que se clavan en la mano de Dunson, impidiéndole desenfundar su pistola.
Pese a la aspereza reinante, no faltan momentos para la exaltación: véase el famoso montaje de planos medios y primeros planos de todos y cada uno de los miembros del grupo de Dunson en el momento en que inician la marcha, unidos poéticamente ante la grandeza de la hazaña que emprenden.
Río Rojo es, como siempre en Hawks, una película construida con precisión relojera. En la primera secuencia, Dunson se despide de su prometida Fen (Coleen Gray), con la promesa de reencontrarse más adelante, y le regala una pulsera en forma de serpiente. Luego, Dunson y Groot ven a lo lejos una negra columna de humo en el horizonte, justo en el lugar donde se encuentra la caravana en la que viaja Fen con los demás colonos: ambos hombres saben a ciencia cierta que la misma ha sido atacada por los comanches y que, dada la distancia que les separa, es inútil regresar a ella con la esperanza de encontrar a alguien con vida, pues necesitarán varias horas para hacerlo.
Esa misma noche, Dunson y Groot son atacados por los indios, y uno de los que Dunson mata lleva puesta la pulsera que le regaló a Fen, signo inequívoco de la muerte de la muchacha. La misma pulsera jugará un papel específico en el último tercio del relato, cuando Dunson vuelva a verla en la muñeca de Tess (Joanne Dru), la joven a la que Matt ha salvado la vida y de la cual se ha enamorado: Dunson, que está persiguiendo a Matt y sus vaqueros porque le han traicionado, rebelándose contra su autoridad por negarse a que colgara a dos desertores y que ha jurado matar a su ahijado, de repente es consciente del paso de los años, pues la pulsera le trae recuerdos de Fen, el único amor de su vida, y se ve reflejado a sí mismo en el afecto que ahora se profesan Matt y Tess.
Según parece, la novela original de Chase concluía con un tiroteo entre Cherry y Dunson en el que el primero moría y el segundo, herido de muerte, fallecía después de que Matt y Tess le lleven en una carreta hasta el río Rojo. Hawks varió por completo este final, haciendo que Dunson se deshaga rápidamente de Cherry de un certero disparo y luego se pelee a puñetazos con Matt hasta que su trifulca es detenida por Tess, quien les hace ver que ambos hombres se quieren y no hay una auténtica razón para su odio, y más teniendo en cuenta que Matt ha logrado concluir con éxito la titánica empresa iniciada por Dunson.
Desde luego que puede verse así, pero no es menos cierto que esta resolución conciliadora, hecha quizás con el propósito de crear un anticlímax, no está a la altura de lo que podía esperarse, máxime cuando el propio realizador ha creado tan sabiamente una expectativa en torno a ella. Río Rojo no necesitaba ese final feliz..
































