Críticas de Películas


'Río Lobo', el último Hawks

El wéstern más clásico




Autor: Tomás Fernández Valentí
No es casualidad que en los créditos de Río Lobo, último western y además la última película de la carrera de Howard Hawks, figure Leigh Brackett como autora del guión, escrito con Burton Wohl a partir de un argumento de este último.
Es bien sabido que Brackett -en la actualidad recordada por su participación en el guión de. El Imperio contraataca (1980), estupendo film, por otro lado- participó asimismo en los guiones de dos de los mejores y más emblemáticos westerns de Hawks, Río Bravo (1959), que escribió con Jules Furthman, y El Dorado (1967), cuyo guión firmó en solitario. Ello explicaría la sensación de familiaridad que producen las imágenes de Río Lobo, puesto que, como aclara Quim Casas en su obra sobre Hawks, «a partir de Río Bravo, Brackett se convirtió en la guionista preferida de Hawks.
Su dibujo de los personajes femeninos es más determinante que en Furthman, sobre todo en el caso del interpretado por Charlene Holt en El Dorado. Aportó también mayor intensidad, si cabe, al concepto repetitivo de su cine: El Dorado y Río Lobo cauterizan, reviven, prolongan o repiten situaciones concretas y planteamientos generales de Río Bravo.
En el otoño de su carrera, Hawks sólo se sintió realmente cómodo trabajando con Brackett» (op. cit., pág. 68). Viéndola como cierre de la trayectoria de su autor, hay que reconocer que, pese a sus valores, que los tiene, y a la coherencia que guarda con el resto de su filmografía, incuestionable, Río Lobo no está a la altura del prestigio de Hawks, convirtiéndose en un final un tanto gris en la carrera de alguien que, sin salirnos del terreno del western, firmó obras de la envergadura de Río Rojo, Río de sangre, Río Bravo y El Dorado.
Pero en el conjunto del western, nos parece más interesante resaltar lo que una película como Río Lobo supuso dentro de la evolución del género que aquí nos interesa. De entrada, hay en Río Lobo algo de ese carácter resistente y a contracorriente ensayado por el propio Hawks en El Dorado o por Henry Hathaway en Valor de ley (1969). Mas Río Lobo carece de la vitalidad de El Dorado, lo cual se traduce en una menor capacidad expresiva respecto a esta última.
Y, al contrario que el Hathaway de Valor de ley, un veterano capaz de asumir lúcidamente el declive de su manera «clásica» de entender el cine e incorporar tropos «modernos» del lenguaje cinematográfico (zoom, teleobjetivo, plano congelado), con vistas a integrarlos en un conjunto en el que conviven de forma deliberada lo viejo y lo nuevo,los "zooms" en la película póstuma de Hawks son innecesarios, tan invisibles como, por esa misma razón, obviables.
Son movimientos ópticos fruto del cansancio y de la postura de un director que ya no se encontraba cómodo con lo que estaba haciendo y delegaba funciones que antes habría controlado rígida y personalmente. La primera y excelente secuencia del film -que según parece fue rodada por Yakima Cannutt al frente de la segunda unidad- transcurre en los últimos días de la guerra de Secesión.
Un pelotón de soldados confederados al mando del teniente Pierre Cardona (Jorge Rivero) logra robar un cargamento de oro yanqui que viaja a bordo de un tren, valiéndose para ello de una ingeniosa estratagema: untan de grasa los raíles para que el transporte resbale al subir una cuesta, desenganchan dos vagones del ferrocarril para que se deslicen cuesta abajo, arrojan una colmena de avispas dentro del vagón donde viaja el oro custodiado por los soldados yanquis, obligándoles así a saltar del mismo en marcha, y luego lo frenan colocando una serie de cuerdas atadas a los árboles a ambos lados de las vías, idea esta última que sería literalmente calcada por Sam Raimi en Spider-Man 2 (id., 2004).
Por lo menos hasta la primera mitad del relato, Río Lobo apuntala con solidez pero sin garra lo más atractivo del western hawksiano. Funciona bien, en este sentido, el bloque de secuencias que transcurre durante la guerra y que se sucede inmediatamente después de la secuencia del tren. El capitán yanqui Cord McNally (John Wayne) se lanza en pos de los confederados que han robado el oro, e incluso logra capturar a Cardona en solitario, aunque acaba siendo hecho prisionero por sus enemigos.
Más adelante, gracias a una audaz estratagema, McNally logrará escapar capturando, de paso, a Cardona y al lugarteniente de este último, el sargento Tuscarora (Chris Mitchum), los cuales permanecerán en un campo de prisioneros hasta el final de la contienda. Sin embargo, no hay entre McNally y Cardona el menor asomo de odio: mientras el primero permanece cautivo del segundo, hay un respeto mutuo entre ambos que roza abiertamente la cordialidad; más tarde, cuando Cardona y Tuscarora son puestos en libertad, McNally les recoge y los tres acaban compartiendo unos tragos de whisky, sin que haya el menor asomo de resentimiento entre ellos.
Ese espíritu «profesional», tan característico de Hawks (McNally, Cardona y Tuscarora se han enfrentado en el campo de batalla porque era su deber como soldados: una vez dejan de serlo, ya no tienen ninguna razón por la que pelearse), acaba siendo la nota predominante de una película, asimismo, bastante cordial y distendida, a pesar de sus subrepticios estallidos de violencia. También resulta muy hawksiano lo que transcurre a continuación.
De regreso a la vida civil, McNally se ofrece a ayudar a Shasta Delanney (Jennifer O'Neill), una joven de la cercana localidad de Río Lobo, la cual se encuentra oprimida bajo el yugo de un terrateniente, Ketcham (Victor French), que cuenta con el apoyo de un sheriff corrupto, Hendricks (Mike Henry). Cardona, que se encuentra en el mismo pueblo que McNally, acompañará a este último y a Shasta en su peligrosa aventura por Río Lobo, dado que allí es precisamente donde vive actualmente su amigo Tuscarora junto con Phillips (Jack Elam), su padre adoptivo.
Camino de Río Lobo, los duros McNally y Cardona se verán acompañados por una mujer que en última instancia demostrará ser tan tenaz como ellos, lo cual dará pie a algunas situaciones de comedia (cf. Shasta, aterida de frío por la noche, se acuesta al lado de McNally para compartir el calor corporal porque el veterano pistolero le parece más «confortable»).
Y, una vez en su lugar de destino, y con la ayuda de otras dos mujeres, María del Carmen (Susana Dosamantes) y Amelita (Sherry Lansing), unirán sus fuerzas contra Ketcham, Hendricks y sus hombres, hasta alcanzar una resolución que repite, en gran medida y como ya se ha indicado, las de Río Bravo y El Dorado. Todo es muy hawksiano, pero tras esos primeros buenos treinta minutos la película no vuelve a exhibir la solidez característica de su autor, salvo en contadas ocasiones.
No ayuda demasiado la desigual labor de los intérpretes, puesto que O'Neill y, sobre todo, los imposibles Jorge Rivero y Chris Mitchum, están bastante mal. Ello no obsta para que asomen buenos momentos -la divertida secuencia en la que, a fin de conseguir información, McNally se deja extraer una muela sana por el dentista del pueblo (David Huddleston); o el vigor de los momentos de acción, como el tiroteo en el saloon entre McNally, Shasta y Cardona contra los pistoleros enviados por Hendricks, o el duelo final entre los bandos enfrentados-, pero en su conjunto Río Lobo puede considerarse el canto del cisne de la etapa más clásica del género.
































