Críticas de Películas


'Perdición', los agentes de seguro siempre llaman dos veces

Éxito de crítica con siete nominaciones y ningún Oscar




Autor: Àlex Aguilera
Cuando Joe Sistrom, productor por aquel entonces -los estertores de la Segunda Guerra Mundial- de la Paramount, leyó en la revista 'Liberty' un relato por capítulos titulado Double Indemnity, perteneciente a las célebres novelas policíacas por entregas llamadas Hard-Boiled, poco podía sospechar de que estaba ante un material de primera que en manos de un director inteligente y atento podía convertirse en una buena película de cine negro.
El autor del relato era James M. Cain, antiguo periodista, quien basándose en un juicio que tuvo lugar en 1927, concibió Double indemnity como una segunda parte de un trabajo anterior abocado al fracaso -en gran medida, por culpa del Código Hays, organismo censor que acababa de surgir en Norteamérica- titulado El cartero siempre llama dos veces. No fue hasta meses después que la Paramount encontró por casualidad al director adecuado.
Varias son las hipótesis de cómo llegó el trabajo de Cain a sus manos, pero lo que sí es cierto es que Billy Wilder, una vez desestimado su colaborador habitual Charles Brackett por considerar el texto infecto, y el propio Cain -con contrato con otra productora- halló en Raymond Chandler (autor de El sueño eterno) el guionista más próximo al proyecto.
Sin embargo, la relación entre ambos resultó tormentosa y a punto estuvo de abandonar el escritor norteamericano de no mediar la productora y los buenos augurios que ésta tenía. Ya desde los créditos iniciales donde entrevemos la silueta de una figura humana con muletas acercándose a la pantalla, todo ello punteado por la magnífica partitura de Miklos Rozsa, y tras un sugerente prólogo donde un coche viaja a una velocidad de vértigo por las calles oscuras de Los Angeles y del cual un hombre mal herido se apea, adentrándose a su lugar de trabajo para, posteriormente, confesar en un datáfono un crimen, nos damos cuenta de que el desarrollo del film crea cierta incertidumbre en el espectador (¿cuál es el motivo del crimen?¿por qué confiesa todo a un tal Keyes?...)
Pronto veremos que los diálogos pertenecen a un director de raza, Billy Wilder, perspicaz e ingenioso como pocos que hace de una historia criminal un juego de traiciones repleto de la agudeza que requiere cada momento de la trama.
Frases lapidarias del estilo: «lo hice por dinero, lo hice por una mujer. No conseguí el dinero, ni tampoco a la mujer», definen el estilo tan sombrío y fatalista de su autor, Billy Wilder. Descartados por motu propio, Alan Ladd, George Raft, Fredric March o Spencer Tracy, Fred MacMurray fue el actor elegido por Wilder para dar la réplica precisa a una singular femme fatale encarnada por Barbara Stanwyck -con peluca y gafas oscuras en alguna secuencia-, bien secundados por el gran Edward G. Robinson, después de convencerse de que un papel de esta envergadura -investigador de fraudes en los seguros- no desentonaría en su carrera.
Los grandes aciertos de Wilder, del director de fotografía John F. Seitz y, también, de Chandler fueron las localizaciones en lugares oscuros y con poca luz, entresacados del propio expresionismo alemán, generalmente, no rodados en estudio y que simulaban perfectamente el ambiente malsano y rancio que quería resaltar la historia.
La textura de la luz adentrándose a través de las persianas de la mansión de los Dietrickson simulando los barrotes de una cárcel prefiguran los acontecimientos que nunca llegaran a materializarse ya que el final previsto -el protagonista ejecutado en la silla eléctrica- fue finalmente desestimado.
Estamos, pues, ante una historia adulta, perfectamente estructurada: preparativos del asesinato, asesinato y las consecuencias del mismo, narradas de forma ejemplar, con un prólogo y un epílogo situados en tiempo presente y un flashback explicativo de lo ocurrido rico en detalles y con una puesta en escena digna del mejor cine negro.
Perdición estuvo nominada a siete estatuillas de Hollywood (incluyendo a las de mejor director y película), no consiguiendo ninguna de ellas, pese a ser un gran éxito de crítica.



















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