Críticas de Películas


No hay rosas sin espinas

'Una educación' es una lección de vida con una gran Carey Mulligan




Autor: Víctor Guerrero
Si Lee Daniels nos enseñaba hace poco la cara más descarnada del aprendizaje vital en Precious, la nueva película de Lone Scherfig -responsable de la irónica Willbur se quiere suicidar- sigue otros caminos mucho más sutiles pero igualmente complicados.
Una educación fue una de las grandes sorpresas de las nominaciones a los Oscars 2010. Entre sus virtudes destacan un guión redondo, un diseño de producción de primera categoría y unas interpretaciones magistrales, sobre todo la de una Carey Mulligan que tiene todas las papeletas para convertirse en la próxima Kate Winslet: británica, inteligente, hermosa y dotada de un poderoso registro dramático. Claro que, si es por su apariencia física, es normal que muchos ya la hayan comparado con la mítica Audrey Hepburn.
Mulligan encarna a Jenny, una adolescente de 16 años que prepara su acceso a Oxford, donde espera licenciarse en Literatura Inglesa. Vive en un suburbio monocromático de Londres en compañía de una madre resignada y de un padre ignorante y sobreprotector -estupendo Alfred Molina- que no ha hecho sino aflorar un sentimiento de rebeldía intelectual en Jenny.
Pero no es hasta la aparición de un apuesto treintañero llamado David (Peter Sarsgaard) cuando la joven se cuestiona realmente para qué sirven las aburridas traducciones del Latín, para qué tantas horas hincando los codos, mientras la vida -lo que ella cree que es la vida- se le escapa de las manos entre melodías de Jacques Brel.
La construcción de los personajes es uno de los puntos más logrados de la película. La educación a la que se refiere el título es válida tanto para Jenny como para sus padres; la relación familiar está salpicada de diálogos cada vez más hirientes, ganando poco a poco en intensidad dramática.
Asimismo, el extraño David revela sutilmente su verdadera personalidad mientras intenta mantener un patético equilibrio entre el irresistible 'gentleman' que salva el violonchelo de Jenny bajo un aguacero y el trajeado embustero en el que la chica cree hallar el sentido de su existencia.
Una educación se recordará dentro de muchos años como la película que dio a conocer a Carey Mulligan, pero también como una lección para todos aquellos que piensan que la vida puede ser un camino de rosas sin espinas. Ojalá. A veces es mejor conformarse con un plato de galletitas y un té caliente en la puerta de tu habitación.
































