Críticas de Películas


'Mars Attacks!', gamberrismo, corrosión y hombrecitos verdes

Tim Buton no deja títere con cabeza en esta tronchante película




Autor: Alejandro Díaz
He aquí la película que supuso un importantísimo punto de inflexión en la carrera del director estadounidense Tim Burton, sin duda uno de los más a tener en cuenta de entre los surgidos a finales de la década de los 80.
Tras conocer un tremendo éxito de público con su primer Batman, Burton tuvo ocasión de hacer realidad algunos de sus proyectos más personales y satisfactorios, como es el caso de Eduardo Manostijeras, Ed Wood, Pesadilla antes de Navidad, o la oscura y a contracorriente secuela Batman vuelve.
Para el film que nos ocupa, el director contó con un elevado presupuesto que se hace especialmente notable en la multiplicidad de localizaciones, en su impresionante reparto, así como en los efectos especiales y las escenas de acción, resueltos con generosidad de medios. Sin embargo, y por motivos que posteriormente analizaremos con más detenimiento, el film no «funcionó» en taquilla, y dejó a su responsable en una situación comprometida dentro del cine de consumo en cuyo seno siempre había podido maniobrar.
Tras trabajar alrededor de un año en un proyecto (posteriormente retomado por Bryan Singer) para resucitar al otro gran personaje de D.C. Comics, Superman, las cosas no fructificaron y Burton se ve obligado a rodar en Inglaterra Sleepy Hollow, film para el que contó con el hoy evaporado guionista de la por entonces muy en boga Seven, y que, pese a atesorar buenos momentos, decepcionaba por lo convencional de su parte final, alarmante en el caso de un director que hasta entonces había hecho patente su inconformismo ante las imposiciones comerciales y la corrección política.
A partir de entonces su carrera da un giro, su cine se acartona y resulta mucho menos arriesgado desde un punto de vista artístico (incluso films interesantes como Big Fish resultan un tanto romos comparados con trabajos anteriores), así como sospechosamente conservador en cuanto a sus ideas, como prueba el planteamiento de una obra como La novia cadáver, caricatura desdibujada del universo burtoniano, film maniqueísta de personajes «buenos» (casi todos)y «malos» cuya blandura y previsibilidad -en la peor tradición «disneyana»- resultaban impensables unos años antes en el responsable de películas tan heterodoxas, desastradas y bizarras como Bitelchús.
Creo que uno de los factores que más incidencia ha tenido en el cambio de rumbo de la carrera de Burton es la elección de los guionistas de sus últimas obras, en las que ha contado, por lo general, con asalariados de las grandes compañías del entertainment multinacional más preocupados por intentar desesperadamente congraciarse con la mayor cantidad de espectadores posible que por ofrecer rigor o calidad. Además, sus últimos films parten casi siempre de obras ajenas que el realizador no logra, a mi modo de ver, acercar a su universo, o al menos no del modo en que lo hacía en tiempos pasados.
El texto de Mars Attacks! viene firmado por un modesto guionista llamado Jonathan Gems, quien partió de una colección de cromos de los años 60 parida por Len Brown, Woody Gelman, Wally Wood, Bob Powell y Norm Saunders. Según parece, dicha colección, que gustaba mucho al joven Burton, quedó interrumpida y eso le molestó, de modo que se decidió a trasladarla y, de algún modo, continuarla mediante un largometraje cinematográfico.
El concepto visual de los marcianos que asolan la Tierra y de la tecnología que emplean para ello está asimismo inspirado en la de los films de ciencia-ficción del cine americano de los 50, así como la magnífica partitura de Danny Elfman, que nos retrotrae a aquellas viejas películas de platillos volantes.
Además, hay homenajes explícitos a obras como Ultimátum a la Tierra, de Robert Wise, o, inclusive, a Plan 9 from Outer Space, del mismísimo Edward D. Wood Jr. En una época en la que los efectos especiales eran usados para epatar al espectador y ofrecerle imágenes espectaculares con una pátina de seriedad y modernidad a ultranza (Matrix está a la vuelta de la esquina), Burton apuesta por una concepción gozosamente demodé y hasta cierto punto paródica, uno de los aspectos del film que seguramente el público no pudo/quiso apreciar.
Con todo, sería un error pensar que el responsable de Frankenweenie se limita a ofrecer un espectáculo nostálgico. Sus marcianitos, de apariencia un tanto cómica o ridícula, resultan seres absolutamente destructivos que no dudan en aprovecharse de la estulticia de los humanos para destruirlos sin descanso.
Mars Attacks! es una superproducción de ciencia ficción con elementos del cine de catástrofes que, sin embargo, esconde una imparable ristra de cargas de profundidad satíricas que, sinceramente, no dejan títere con cabeza. Así, tenemos a unos dirigentes políticos cínicos e incompetentes; a un ejército descerebrado ridiculizado sin piedad (ojo al plano en el que el general es reducido de tamaño); a unos científicos empeñados en aprender a «comprender» a los extraterrestres mientras éstos no paran de hacer de las suyas; o a unos medios de comunicación frívolos e inútiles, entre una fauna humana (y canina: no nos olvidemos del perrete Poppy) que es observada, por lo general, desde una óptica vitriólica francamente reconfortante.
Además, el modelo de familia tradicional americana, con sus cuadriculados valores sexistas y su total insensibilidad para lo espiritual, es vapuleado una vez más por Burton, que sólo salva de la quema a los personajes jóvenes (el film parece pedir a gritos la desaparición de quienes conforman las clases dominantes de la sociedad), como pueda ser el caso de Richie Norris (Lukas Haas) y de la hija del presidente, Taffy (Natalie Portman), y a aquellos seres anónimos que sobreviven como pueden (el matrimonio formado por Byron -Jim Brown- y Louise -Pam Grier-, y sus hijos) o a los que nadie hace caso (la memorable abuela que borda la adorable ancianita en que se convirtió la otrora radiante Sylvia Sidney).
La tronchante secuencia del discurso que Richie pronuncia ante un coro de mariachis es una de las estampas más destroyers respecto a la sociedad estadounidense que servidor recuerda haber visto, auténtica declaración de principios de un cineasta que, por entonces, se postulaba como un insobornable submarino en la industria.
Lástima que este tipo de riesgos (entregar una superproducción con efectos especiales de sabor deliberadamente añejo y caracterizada por el humor corrosivo y gamberro) rara vez se vean recompensados en taquilla y, sobre todo, suelan pasar factura (el mundo en que vivimos es así de injusto con quien lleva a cabo algo en lo que cree sin atender a aspectos espurios) a sus responsables, poniéndolos en el disparadero y colgándoles el sambenito de lo que los ejecutivos -los nuevos bárbaros- de las grandes compañías financiadotas consideran «veneno para la taquilla».
No me resisto a finalizar este comentario sin un repaso a algunos de los intérpretes que, además de los ya mencionados, forman parte del irrepetible elenco de Mars Attacks!.
Jack Nicholson, viejo conocido de Burton, aborda con su histrionismo más exacerbado el doble papel del caradura empresario (o así), afincado en Las Vegas, Art Land así como el del no menos impresentable presidente de los Estados Unidos James Dale, capaz de vender a su país y al planeta entero con tal de salvar su culo de los rayos marcianos (en ese sentido, es un reverso perfecto del súper-valiente presidente-piloto de la vergonzosa Independence Day de Roland Emmerich).
Glenn Close es Marsha, la primera dama, un mueble más de la White House, como quien dice, y Martin Short da vida a su secretario de prensa Jerry, que no duda en hacer uso de los dormitorios secretos de la residencia presidencial para trajinarse a sus ligues. Pierce Brosnan interpreta al aparentemente informadísimo científico mediático de turno, mientras Sarah Jessica Parker y Michael J. Fox encarnan a sendos «periodistas».
En la familia Norris encontramos rostros como los de Joe Don Baker, O-Lan Jones o Jack Black como Billy Glenn, el ínclito hermano marine de Richie (atención a la escena en la que, bandera americana en mano, pierde la vida. ácido puro). También tenemos al indispensable Tom Jones, cantante muy admirado por Burton, haciendo de sí mismo -aunque ignoramos si realmente sabrá pilotar aviones-; así como a Danny De Vito, a Anette Bening, a Rod Steiger (el general finalmente encogido), a la por entonces compañera de Burton, Lisa Marie, como la turgente marciana de caderas y manos cimbreantes, y a dos cineastas que de vez en cuando ejercen como intérpretes, Jerzy Skolimowski y Barbet Schroeder, en papeles secundarios, entre un interminable rosario de caras conocidas.
El papel de Sharona, la sexy y oxigenada country girl novia de Billy Glenn, corre a cargo de Christina Applegate, conocida por su papel de Kelly Bundy en la brillante telecomedia 'Matrimonio con hijos'. Sale poco, muy poco, pero los responsables de Mars Attacks! no dudan, en una nueva muestra de humor punzante, en mostrarnos que la chica no ha perdido el tiempo tras el fallecimiento de su heroico «amorcito»...
































