Críticas de Películas


'La última casa a la izquierda', morbo en estado puro

Wes Craven saltó a la fama con esta mezcla de sexo, terror y gore




Autor: Víctor Guerrero
La última casa a la izquierda fue la primera cinta escrita y dirigida por Wes Craven, que hizo una adaptación muy libre de El manantial de la doncella, de Ingmar Bergman.
Fue la película que le lanzó a la fama, al menos dentro del sector de espectadores que disfrutaban con la mezcla de sexo y gore en la gran pantalla. La prueba es que, a pesar de los problemas que tuvo para distribuirla (en Australia estuvo prohibida durante 32 años y en otros países fue amputada sin miramientos), los 90.000 dólares de inversión se transformaron en 10 millones de beneficios tras su primer año de exhibición. Quizá el secreto de su éxito fue la estética amateur del film, grabado con pocos recursos técnicos y con actores tan jóvenes como desconocidos.
El guión original difería del que se escribió en 2009 para el remake. La protagonista era una chica muy guapa llamada Mari Collingwood (Sandra Cassel), que salía a celebrar su 17º cumpleaños junto a su amiga Phyllis Stone (Lucy Grantham). De camino al concierto donde planeaban desfasarse, se detenían en una casa en la que les habían asegurado que les darían marihuana. Pero al entrar en la casa, se encontraban con un grupo de psicópatas dopados hasta las cejas, que no dudaban en encerrarlas y abusar de ellas.
Desde ese momento vemos que el único interés de la película es el morbo; saber hasta dónde va a llegar el director para mostrarnos las vejaciones a las que son sometidas las dos adolescentes. Hay desnudos, violaciones en el bosque, escatología, intentos de huída y mucha sangre derramada.
Por fin, Mari consigue escapar y regresar a casa (la última a la izquierda, por supuesto). Pero allí le espera una desagradable sorpresa: sus padres han acogido como huéspedes a sus torturadores pensando que se trataban de pacíficos excursionistas. Es entonces cuando los Collingwood cogen el toro por los cuernos y planean una venganza sin piedad.
No recomendamos que la veáis si sois de estómago débil o si buscáis una película clásica de terror con interpretaciones sublimes y un guión redondo y sutil. Pero si tenéis ganas de marcha y no hay programado ningún concierto de rock en vuestra ciudad, ésta puede ser una alternativa para soltar adrenalina y, de paso, satisfacer al morboso que todos llevamos dentro.
Eso sí, quedáos con la versión original, porque el remake de La última casa a la izquierda es para tirarlo por la taza del váter.
































