Críticas de Películas

'Espartaco', intimismo vs. épica

Punto de inflexión para Kubrick

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'Espartaco', intimismo vs. épica

Autor: Lluís Nasarre

Mucho se ha escrito sobre la génesis de Espartaco. Páginas y páginas de la historia del cine comentan los avatares a los que se vio abocado Kirk Douglas para llevar adelante un proyecto apadrinado por su productora Bryna Productions (el nombre de su madre).

Tomando como base la novela de Howard Fast, 'Dalton Trumbo' (1905-1976) uno de los guionistas más interesantes que ha dado Hollywood y que se vio desterrado por el macarthysmo debido a su ideología de izquierdas, confeccionó un guión en el que se refleja el sacrificio de un hombre -un esclavo- en su lucha por la libertad, siendo utilizado a posteriori como símbolo de esperanza para los oprimidos.

Argumentalmente, la película nos presenta a Espartaco, un esclavo tracio, utilizado para trabajos forzosos en las canteras de Libia y que, tras agredir a uno de los capataces, es vendido a un lanista (maestro de gladiadores) que le instruye en las artes de la lucha en la arena. Después de un férreo entrenamiento y unas condiciones de vida de connotaciones denigrantes, Espartaco y sus compañeros se rebelan y organizan un levantamiento que pone en jaque al Imperio Romano.

El esqueleto argumental ofrecía a un guionista de la talla de Trumbo una oportunidad de oro para confeccionar un guión afín a su ideología, pero su situación personal y profesional en el momento del rodaje de la película no era la más idónea ya que, como bien apunta Christian Aguilera en su libro sobre Stanley Kubrick, Trumbo en aquel momento estaba «marcado» y su nombre no podía aparecer en los títulos de crédito. Independientemente de esos hechos en concreto y de la resolución final de ese aspecto -hechos bien documentados y expuestos en el libro de Aguilera- la película sufrió toda una serie de alteraciones y modificaciones que convirtieron su rodaje en un «vía crucis» harto particular.

Inicialmente, la dirección de la película debía correr a cargo de Anthony Mann. Pero las constantes discrepancias entre el director y Kirk Douglas, desencadenaron la sustitución del realizador de La caída del Imperio Romano (1964) y El Cid (1961) por otro director que ya había trabajado con Douglas en Senderos de Gloria.

La pregunta que le asalta al aficionado es pensar en cómo hubiera quedado la película en manos de Mann -tan sólo las escenas de la cantera que se mantienen en el resultado final son obra del director californiano- que vestía a sus personajes solitarios y taciturnos,dotándolos de una psicología compleja en continua lucha con el mundo que les rodea.

Pero la pregunta queda en el aire, y el resultado final es el ofrecido por el director que lo sustituyó, que no sería otro que Stanley Kubrick. Ésteentró en un proyecto totalmente definido y del que, a pesar de sus denotados esfuerzos, pocas cosas pudo cambiar debido, en gran parte, a la egolatría de Douglas que se había tomado la película como una cruzada particular, y que desoyó de forma sistemática todas las aportaciones de un Kubrick que acabaría renegando de la película, llegándola atildar como un producto de encargo.

A pesar de lo que manifestara Kubrick, el rodaje de Espartaco supuso un punto de inflexión en su carrera -que posiblemente no hubiera sido la misma de no haberla dirigido-, ya que le permitió aprender el uso y el tratamiento del color, empezar a foguearse en la dirección de actores propiamente dicha al contar en frente con un elenco de grandes estrellas, y sobre todo, enfrentarse al reto de llevar adelante por primera vez una gran producción, y mostrar en ella, su visión dual del poder -algo que ya había apuntado en Senderos de gloria-,un aspecto que sería una constante en su devenir profesional.

En manos de Kubrick, Espartaco se convierte en una película dotada de una capacidad narrativa encomiable que va más allá del retrato épico que pretende ofrecer el producto. Sí es cierto que la película se realizó a partir del éxito de Ben-Hur (1959), que había acaparado la atención de todo el mundo, con sus modos de aventuras de superación personal entre estampitas religiosas -a mi modo de ver, hasta la carrera de cuádrigas es una magnifica película que naufraga en su última parte-, pero las intenciones de los responsables de Espartaco iban por otra parte, ya que al margen de las consiguientes einevitable escenas épicas, el film ofrece toda una serie de momentos de naturaleza lírica más interiorizada y real que lo aleja de los fastos de postín y cartón-piedra de la película de William Wyler.

Asimismo,no es menos cierto que sus creadores alteran las fuentes históricas de lo acontecido realmente, pero su aproximación made in Hollywood nos ofrece, en primer término, el retrato intimista de la lucha de un hombre con su entorno -una temática claramente del ámbito del cine de Anthony Mann- y lo hace articulando un discurso de neto mensaje ideológico entre la lucha equilibrada de dos concepciones, colocando en un plato de la balanza la libertad (Espartaco) y en el otro la democracia (Graco: Charles Laughton), en cuanto a las tendencias represivas de la dictadura por las que aboga el personaje de Craso que interpreta Sir Laurence Olivier.

Es a partir de ahí donde la presencia y la pluma de Dalton Trumbo va cogiendo más importancia ya que su mensaje condiciona el resultado global de la película, aunque el mérito de la fuerza visual que tiene el film sea responsabilidad de Kubrick. La película cuenta con momentos sublimes.

La planificación y visualización de la lucha en la escuela de gladiadores es uno de ellos, en los que cobra mucha fuerza dramática la visión subjetiva a través de los ojos de Espartaco del combate. Asimismo, se ha hablado hasta la saciedad de la escena de la batalla y de su concepción, mérito compartido entre Kubrick y Saul Bass. Pero personalmente me decanto por los momentos que alejan a la película de las escenas de masas y de las luchas entre un bando y otro.

Lo interesante de la película y que la aleja de los peplums al uso, deviene el dibujo de sus personajes y su discurrir dentro de la historia. Posiblemente si la película la hubier rodado Richard Fleischer, la épica intrínseca de su historia hubiese estado dotada de una fisicidad más compleja debido al carácter de sus personajes que influye sobremanera en sus actos -por ejemplo, enLos vikingos (1958),también producida e interpretada por Kirk Douglas, oBarrabás(1962)-.

No obstante,Espartaco opta por aislar a sus personajes de la realidad en que viven para ofrecerles momentos de «intimidad» onírica y surreal, mostrándolos ante nuestros ojos no como ese símbolo que pretenden o logran representar, sino como seres a los que se les escapa el tiempo entre los dedos por los acontecimientos. Y aparte de la archiconocida escena de connotaciones homosexuales entre Craso y su esclavo personal durante un baño, memorables son las escenas románticas entre Kirk Douglas y Jean Simmons.

Su relación amorosa se nos presenta -acompañada por la maravillosa música de un inspirado Alex North que con su partitura en todo momento apunta el desarrollo de la película- con la inocencia y realidad necesaria para comprender la crueldad de su desenlace final. Espartaco no es la película que Kubrick hubiese querido realizar. El tiempo le llevaría a confeccionar obras enteramente de su paternidad.

En esta producción de la Bryna la labor del guionista y de su estrella principal -un Kirk Douglas que consigue uno de sus mejores interpretacioness, alejándose de sus histrionismos habituales-, se convierten en los principales artífices de la película. Sin embargo,la participación de Kubrick serviría para conseguir una cierta coherencia y una puesta en escena compensada, dotando a sus imágenes de una personalidad propia.

Si Kubrick hubiese tutelado la película en su totalidad, posiblemente hubiese suprimido la lucha final entre Espartaco y Antonino (Tony Curtis), cortando un cierto sentido cíclico de la aventura y cerrando la puerta de la esperanza a sus protagonistas. Y eso no es bueno ni malo. Pero su visión personal estaba alejada de los mitos.

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