Críticas de Películas

'Encubridora', la leyenda de Chuch-a-luck

Rareza de insoldable belleza

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'Encubridora', la leyenda de Chuch-a-luck

Autor: Tomás Fernández Valentí

Producción de la RKO financiada por Howard Hughes, quien a pesar de ello no consta en los títulos de crédito, Encubridora es una de las mejores películas rodadas por Fritz Lang en los Estados Unidos y, en el contexto del género, una rareza de insondable belleza.

Surgió como un proyecto sugerido al realizador alemán por Marlene Dietrich, quien asumía el papel protagonista. El rodaje se complicó como consecuencia de las malas relaciones existentes entre Lang y Dietrich, y una vez terminada la película fue objeto de un nuevo montaje por parte de Hughes, a quien no le satisfacía el resultado, y cambió el título inicialmente previsto por su autor, Chuck-a-Luck, inspirado a su vez en el de la canción «The Legend of Chuck-a-Luck», que en el film tiene una gran función narrativa.

Su primera imagen es muy elocuente de la tónica que va a presidir el conjunto del relato. Lang encuadra, en gran primer plano, a Vern Haskell (Arthur Kennedy) y su novia, Beth (Gloria Henry), besándose apasionadamente, y a continuación abre el encuadre mediante un travelling en retroceso.

Esta manera de pasar de una imagen «cerrada» a otra «abierta», de lo íntimo (el beso de los amantes) a lo general (ambos viven en un pueblo, están prometidos, él trabaja como vaquero y ella en la tienda donde ahora mismo se encuentran), sugiere en gran medida el sentido de lo que vendrá a continuación. Vern sale de la tienda y deja sola a Beth; en ese mismo instante llegan al pueblo dos hombres a caballo, Kinch (Lloyd Gough) y un compinche; el primero entra en la tienda y, pistola en mano, obliga a Beth a darle el dinero de las cajas fuertes; la situación empeora, pero Lang la ofrece fuera de campo (resulta admirable ese plano exterior en el cual, en primer término, un niño juega, y al fondo vemos al compinche de Kinch vigilando al chiquillo mientras guarda los caballos hasta que, de repente, se oyen en off los gritos de Beth y el sonido de un disparo).

Resultado: Beth ha sido violada y asesinada por Kinch. Vern abraza el cadáver de su prometida, y Lang lleva a cabo un movimiento de cámara similar al que ha usado para abrir la película: un plano del brazo de la muchacha muerta, combinado con el movimiento panorámico de la cámara, que se detiene en el primer plano de su mano, crispada y con las uñas manchadas de sangre, el cual se encadena con la imagen de Kinch limpiándose en un riachuelo el arañazo que Beth le ha hecho en la mejilla.

Nueva transición de lo pequeño a lo grande, de lo íntimo a lo general. A partir de ese momento, el relato girará en torno a las pesquisas de Vern destinadas a consumar su venganza (tema muy languiano), rastreando los pequeños indicios que le conducirán al descubrimiento de una trama mayor. Kinch dispara a traición a su compinche en el atraco, porque manifiesta sus reparos ante el hecho de verse implicado en un asesinato, pero este último tiene tiempo antes de morir de darle a Vern una pista sobre el paradero de Kinch: «Ve a Chuck-a-Luck».

Un nombre extraño para un lugar que en principio nadie conoce: «chuck-a-luck» es una forma de denominar una especie de ruleta de la fortuna. El azar y el destino (también muy languianos) tienen un papel preponderante en esta película, pues las pesquisas de Vern le conducen a la existencia de una mujer relacionada con Chuck-a-Luck. Ella es Altar Keane (Marlene Dietrich), personaje que es presentado de forma magistral por mediación de tres flash backs que se corresponden con otros tantos relatos que escucha Vern mientras busca Chuck-a-Luck y que, además, están punteados por el fondo sonoro de la canción «The Legend of Chuck-a-Luck».

De este modo, el personaje de Altar adquiere una resonancia mítica que se corresponde con la singularidad de su manera de ganarse la vida: antigua bailarina de saloon retirada tras beneficiarse de un golpe de suerte (una partida amañada en esa ruleta de la fortuna antes mencionada), ahora es la dueña de Chuck-a-Luck, un rancho donde da refugio a forajidos buscados por la ley a cambio de un diez por ciento del producto de sus delitos.

Uno de aquéllos, que no es Kinch, tiene a ojos de Vern un sospechoso arañazo en su mejilla. Las apariencias, como siempre en Lang, juegan un papel decisivo en el destino de los personajes: Vern seduce a Altar con la intención de sonsacarle información, y la relación de esta última con Frenchy Fairmont (Mel Ferrer), su actual amante, tan sólo es una manera de asegurarse un protector contra sus violentos huéspedes.

El film, que se beneficia de un excelente guión de Daniel Taradash, basado a su vez en el relato «Gunsight Whitman», de Sylvia Richards (hay que recalcar de nuevo la importancia que han tenido muchas mujeres como guionistas o autoras de relatos originales en el desarrollo del western), progresa en virtud de la magistral narrativa de Lang, cuya depuración llega al extremo de saltarse cualquier prolegómeno que no sea estrictamente necesario para el desarrollo del relato.

Tras despedirse de Beth, Vern monta a caballo y Lang inserta un primer plano del pie del protagonista subiendo de un salto, y posteriormente repetirá ese gesto, en plano general, gracias al cual Kinch recordará dónde ha visto a Vern con anterioridad. Para poder hablar con Frenchy, que está encerrado en la oficina del sheriff, Vern provoca un altercado en un bar, y en la escena siguiente ya le vemos arrestado y siendo conducido a la misma celda de aquél.

Frenchy planea atracar un banco con sus compinches, y el realizador abre la siguiente secuencia mostrándolos ya dentro del banco, enmascarados, pistolas en ristre y en pleno asalto.Encubridora destaca por el tratamiento de la violencia, asimismo muy languiano: la extraordinaria pelea de Vern contra un pistolero que intenta matarle en una barbería porque le ha oído mencionar a Chuck-a-Luck (con detalles como el disparo que rompe el espejo donde se refleja Vern o el del pistolero blandiendo una navaja barbera contra el protagonista); o la soberbia sensación de tensión creada en la escena en la que Altar canta una canción, que va más allá de la exigencia comercial de introducir un momento musical para lucimiento de Marlene Dietrich (Lang inserta primeros planos de los forajidos escuchando la canción con embeleso, combinándolos con primeros planos de Vern mirándoles, escrutándoles, buscando al responsable de la muerte de Beth).

Al final, Altar muere al interponerse en el camino de una bala dirigida a Frenchy, y este último y Vern abandonan Chuck-a-Luck, mientras la canción, que nuevamente suena de fondo, anuncia su próxima muerte, toda vez que ambos personajes han perdido aquello que daba sentido a sus vidas: el amor de Altar y la consumación de su venganza.

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