Críticas de Películas

'El bueno, el feo y el malo', un botín de 200.000 dólares

La mejor película de Leone, representación de su estilo visual

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'El bueno, el feo y el malo', un botín de 200.000 dólares

Autor: Tomás Fernández Valentí

La primera imagen de El bueno, el feo y el malo parece una declaración de principios: un inmenso primer plano de un pistolero de rudas facciones, barba de varios días y tocado con un oscuro sombrero, cuya cabeza llena grotescamente el encuadre en formato panorámico. Estamos ante un film de Sergio Leone. Y, en efecto, El bueno, el feo y el malo hace gala del estilo visual que el realizador desarrolló previamente en Por un puñado de dolares y La muerte tenía un precio: ritmo dilettante, cínico sentido del humor, gráfica expresión de la violencia, irónicas partituras de Ennio Morricone, primeros planos de los actores cortados a la altura de la frente y la barbilla, y larguísimas escenas de duelos a pistola.

Si bien es verdad que a ratos esa tendencia a ceder ante su «marca de fábrica» acaba siendo lo peor de la función ?la secuencia final en el cementerio, con el descubrimiento del botín enterrado y el duelo que resuelve las diferencias entre los principales personajes, está tan alargada que acaba diluyendo las expectativas creadas?, en El bueno, el feo y el malo, el mejor de sus westerns y probablemente su mejor película, Leone se muestra ante todo preocupado por contar una historia.

Todos los elementos del estilo Leone se encuentran presentes en El bueno, el feo y el malo, pero aquí en su expresión más depurada. El argumento, escrito por Leone y Luciano Vincenzoni en colaboración con el prestigioso dúo de guionistas Age y Scarpelli (cuya contribución al guión fue, al parecer, escasa), está mucho más elaborado. La irónica presentación inicial de los personajes, a medio camino entre lo humorístico y lo violento, marca muy bien cuál será el tono del relato.

El mejicano Tuco, «el feo» (Eli Wallach), aparece por primera vez en escena atravesando el cristal de una cantina, con una pierna de cordero y bebida en una mano y la pistola en la otra, tras haberse librado de tres pistoleros que intentaban liquidarle, lo cual le define ya de entrada como un superviviente nato. Sentencia, «el malo» (Lee Van Cleef), se presenta asesinando a un hombre al que tenía que matar por encargo. y a continuación haciendo lo mismo con el hombre que le pagó para hacerlo porque el anterior, antes de morir, le ofreció una cantidad superior, lo cual dibuja a la perfección su falta de escrúpulos.

Rubio, «el bueno» (Clint Eastwood), irrumpe en el relato llevando prisionero a Tuco ante el sheriff de un pueblo, cobrando la recompensa que ofrecen por él. y salvándole de morir ahorcado de un certero disparo a la cuerda que ciñe su cuello, para luego repartirse a medias la recompensa como parte de un plan establecido, todo lo cual pone de relieve su astucia.

Otro aspecto fundamental que diferencia este film de Por un puñado de dólares y La muerte tenía un precio es la existencia de un personaje bien dibujado: Tuco, el cual se beneficia extraordinariamente de la labor del siempre excelente Eli Wallach, hasta el punto que personaje y actor se erigen en el alma de la película y tienen a su cargo los mejores momentos. No es de extrañar que, por contraste, Rubio y Sentencia (por más que Lee Van Cleef le imprima magníficas dosis de ironía) sean figuras menos atractivas.

Ello es consecuencia de una postura deliberada por parte de Leone: «el bueno» Rubio y «el malo» Sentencia responden a arquetipos del western norteamericano, sin que eso signifique que sean personajes de una pieza, mientras que «el feo» Tuco se erige en un arquetipo del western a la italiana, cuyas raíces culturales se encuentran más cercanas al acervo europeo que al estadounidense: no por casualidad, Leone veía en Tuco a una especie de Sancho Panza.

La referencia al personaje cervantino no es gratuita, habida cuenta que la trama de El bueno, el feo y el malo tiene algo de picaresco. Sentencia, por un lado, y el dúo formado por Rubio y Tuco, por otro, andan en pos del mismo objetivo: un botín de 200.000 dólares enterrado en un lugar secreto en el lado mejicano del río Grande, y de cuya existencia se enteran de distintas maneras: Sentencia oye hablar de ese dinero oculto a Baker (Antonio Casas), el hombre al que asesina nada más empezar el relato, mientras que Rubio y Tuco lo hacen de una manera todavía más casual, de labios de un moribundo que perteneció a la banda que se apoderó de ese botín.

Se da, además, una particularidad: Rubio y Tuco, que están lejos de ser amigos, se necesitan porque cada uno de ellos conoce por separado un dato sobre el paradero exacto del dinero: el cementerio donde está enterrado (Tuco) y la tumba en la que se encuentra (Rubio).

El humor campa a sus anchas a lo largo del relato: recordemos ese sarcástico momento en que Rubio y Tuco, disfrazados de confederados, saludan a un grupo de soldados que se les acercan a caballo, creyendo que también son confederados. cuando en realidad son nordistas con sus negros uniformes blanqueados por el polvo del camino.

Pero en El bueno, el feo y el malo también hay espacio para la amargura: el momento en que Tuco discute con su hermano monje, el padre Ramírez (Luigi Pistilli), nos descubre insospechadas facetas humanas del primero; hasta el impertérrito Rubio tiene un momento de ternura cuando presta su abrigo para cubrir a un moribundo soldado confederado, adoptando a partir de ese momento el poncho que utilizará hasta el final del relato (detalle que ha dado pie a una teoría según la cual la acción de El bueno, el feo y el malo sería anterior a la de Por un puñado de dólares y La muerte tenía un precio).

Los momentos de violencia tienen un tono irónico, cruel y desencantado: resulta magnífico al respecto ese apunte en el que una banda de música formada por prisioneros de guerra confederados interpretan una hermosa melodía, una de las mejores de toda la carrera de Morricone, destinada a ahogar los golpes que un brutal cabo yanqui (Mario Brega) está propinando a Tuco, siguiendo órdenes de Sentencia, para que confiese en qué cementerio está enterrado el botín.

La excelente pelea callejera de Rubio y Tuco contra los pistoleros de Sentencia por las calles de un pueblo saqueado es uno de los fragmentos mejor planificados de toda la carrera de Leone.

La película atesora, asimismo, una bella secuencia bélica: la que se desarrolla al borde del río, centrada en un comandante yanqui borracho (Aldo Giuffrè) que sabe que tiene que lanzar a sus hombres a la muerte para conquistar un ridículo puente, y que concluye con Rubio y Tuco volando dicho puente con dinamita. porque necesitan pasar a la otra orilla para apoderarse del dinero.
Sólo por ello cabe considerar El bueno, el feo y el malo un interesante film, al cual los años ha proporcionado una pátina de la que carecen otras obras de Leone.

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