Críticas de Películas


'¿Ángel o diablo?', retrato de perdedores

Preminger es la cámara que psicoanaliza a Dana Andrews y Linda Darnell




Autor: Àlex Aguilera
Consecuencia lógica del éxito -el primero- de Otto Preminger con el clásico Laura (1944) vendría este trabajo, igualmente inmerso en el cine negro, cuyo cartel incluía a un trío encabezado por Dana Andrews, a quien seguiría la explosiva Linda Darnell y la más insignificante Alice Faye.
Historia típicamente inscrita en los parámetros del film noir, Fallen Angel (¿Ángel o diablo?) hace referencia a los diferentes "ángeles caídos" que intentan rehacer sus vidas a través de sus flirteos o experiencias amorosas. Desde las secuencias iniciales, donde el protagonista recorre en un autobús de línea las autopistas que le conducirán -con unos imaginativos carteles en la misma que anuncian los créditos- a su destino involuntario, hasta un final no previsto aunque anunciado, vislumbramos el tono realista y naturalista, al mismo tiempo, del guión, estructurado en función de una serie de personajes al borde del precipicio.
Un impostor y una ladrona, un embaucador y una oportunista (Dana Andrews y Linda Darnell), dos personajes fatídicos que, sin embargo, buscan su oportunidad (perdida) en una vida de desavatares e incertidumbre.
Retratado por un Preminger en estado de gracia, el argumento basado en la novela de Marty Holland, deambula de forma sobria por los mejores derroteros del cine negro, donde las siluetas en la oscuridad dan paso a sugerentes diálogos.
Aprovechando las escenas al amanecer cerca de la playa, la mujer fatal por antonomasia (aquí la deslumbrante Linda Darnell) responde al mujeriego mentiroso (soberbio Dana Andrews, por siempre el hermanastro de Steve Forrest, el teniente Hondo de Los hombres de Harrelson) a la pregunta: "¿Te gusta el sonido del mar?", a lo que responde: "Me gusta tu forma de hablar".
Primerísimos planos entre ambos seres unidos por el destino que, no obstante, tienen el handicap de su condición de perdedores, que necesitan levantar el vuelo a costa de otros (la infortunada hija del alcalde, los partenaires entrados en años, etc.).
Hombres sin rumbo, captados de forma ejemplar por Preminger en la práctica totalidad de las escenas, ejemplo de ello: cuando Eddie coge con suavidad la cara de su mujer y la besa, o como aquella mucho más significativa, en la que tras referirse uno de los protagonistas al "ángel caído en el paraíso", la cámara da paso a una habitación a oscuras donde yacen en una cama de matrimonio, juntos, un ángel blanco (la desdichada esposa, Alice Faye) y el ángel negro (el soñador arrepentido, Dana Andrews).
Luces y sombras creadas por la magia del cine con el blanco y negro de la época.
































