Críticas de Libros


'White Hunter, Black Heart', el Viertel más virtuoso

Diálogos mordaces y ocurrentes en una obra enorme




Autor: Ignasi Juliachs
Estamos ante un libro sencillamente fascinante. Peter Viertel, célebre como guionista de Hollywood y espléndido novelista, fusiona ambas facetas con Cazador blanco, corazón negro, novela publicada en 1953. Efectivamente, se trata de una obra cuya calidad literaria es notoria (espléndidamente escrita: gran dinamismo y ritmo rápido, tanto en lo externo como en lo interno de situaciones y personajes, densidad de los mismos, notorio realismo y naturalidad, diálogos tan mordaces como ocurrentes, cierto humor amargo y corrosivo, y una definitiva carga de profundidad moral y ética), pero al tiempo deviene una crónica muy viva, muy ilustrativa e informativa, acerca del mundo del cine en tiempos pretéritos, cuando los grandes estudios de los 50, cuando aún era posible que grandes aventureros excéntricos, como parece ser el caso de John Huston, se creyeran con cierto derecho superior de hacer su voluntad. Algo de ello parece que acabó por irritar profundamente a Viertel y, según él mismo anuncia al principio de la novela, fue deteriorando la amistad.
Con nombres cambiados (John Williams por John Huston, Peter Verrill por Peter Viertel, Paul Landau por el mítico productor Sam Spiegel ?aquí cabeza de turco de todo desastre cometido por Williams-Huston?, Kay Gibson por Katharine Hepburn, Phil Duncan por Humphrey Bogart, y Mrs. Duncan porLauren Bacall), Viertel narra su experiencia cuando colaboró en el guión (acompañando asimismo a John Huston en el rodaje de La reina de África(1951), uno de los primeros filmes norteamericanos que se rodaron fuera de los estudios y de los Estados Unidos; en este caso, en su mayor parte, en auténticas localizaciones de África, aunque en el libro el film se titula El mercader y la historia es otra.
Habiendo colaborado el propio Viertel en el guión del film que dirigió e interpretó Clint Eastwood en 1990, basándose en su novela y con homónimo título, la lectura del volumen en una nueva y espléndida traducción, iniciativa de la Ediorial Berenice, hace que el lector actual, sobre todo si es cinéfilo (y cabe suponer que la mayoría lo serán) viva la experiencia con mayor confusión de referentes, si cabe, que los que la leyeron en los años cincuenta.
Efectivamente, aquéllos sólo tenían la inocultable referencia al film de Bogart y Hepburn, pero ahora, al ir pasando las páginas, se confunde el rostro de Huston con el de Eastwood (cuya interpretación, imitando incluso el acento del director de origen irlandés, es incontestable), y aunque éste, en su film, no oculta que se trata de La reina de África, llegando a emplear la misma embarcación del clásico (¡todavía se conserva!), lo cierto es que la fusión resultante del film original, del film de Eastwood y de la novela genera en el público receptor una extraña experiencia a caballo entre lo mítico, lo legendario, y lo real, que nos deja en un peculiar estado entre perplejo y admirado.
Pese a tratarse de una novela con regusto de aventura, pues recorremos todas las vicisitudes (no era sencillo el rodaje en localizaciones naturales, y menos en África) que la producción sufre antes de poder hacer la película una realidad, y pese al marco exótico de África, la narración parece dominada por la voluntad de explicar un personaje de tan suma complejidad como John Williams, a todas luces presentado como un déspota caprichoso no exento de encantos y de un arrollador don de gentes.
Como el propio Viertel escribe, un tipo así, o tiene mucho dinero o es un genio. Williams es alguien que arrastra a los demás, hace lo que quiere sin tener un céntimo y se sabe con gran talento, el suficiente como para que aunqueabuse, no halle grandes resistencias a sus deseos, por disparatados que éstos parezcan: y la historia, de ser cierta siquiera en una pequeña parte, es un gran disparate, pues nos habla de un realizador más interesado en la caza de un elefante que en el rodaje de un film ya de por sí complejo que acaba siendo la excusa para lo primero.
Williams está habituado a huir hacia delante, a tirarse al vacío sin mirar, plenamente convencido de que hay red; es alguien en suma al que no puede imitarse porque las consecuencias son terribles; el propio Viertel-Verrill menciona cuántos intentaron adoptar su filosofía de vida con resultados catastróficos. Flota en toda la historia un resentimiento muy palpable del escritor Verrill para conWilliams, acaso por no poder ser como él, acaso por arrastrarle a una locura que en el fondo no deseaba, acaso por desvelarle algo propio nada grato de descubrir.
Toda la novela está impregnada de interrogación acerca de las esencia y motivos de cada uno de los personajes, de la amistad, de la traición a la misma, de las verdades últimas dichas a bocajarro; algunos como Landau son los grandes perdedores de nacimiento, y otros, como Williams logran mantenerse a flote inexplicablemente, pese a cometer la gran atrocidad de eliminar unos elefantes (Huston en su biografía admite haberlo intentado pero jamás haber cometido ese «pecado») y de comprender finalmente que él no es Dios, y que incluso para él existe un límite por mucho que le domine el irrefrenable deseo de transgredir.
Otros temas como el machismo y la misoginia que parecen rondar a Williams, y el racismo bien presente en un continente africano que va descolonizándose sirven de complemento a este fresco sin par. Viertel también nos dibuja a un Williams fascinado por las grandes empresas que acaban en nada (esos grandes perdedores en los filmes de Huston), como si ello denotara algún tremendo vacío interior fruto de revelaciones horrendas acerca de la verdad de la existencia, que acabara por explicar su temeridad: el intento de huir del agujero negro de la desesperación, y también nos sugiere que acaso su mayor frustración fuera no haber sido un gran escritor, teniéndose que conformar con hacer cine para vivir, el cual, sólo de modo velado, Williams parece infravalorar, en boca de Verrill, en alguna intuida medida. Verrill apunta que acaso el cine acabó por estropearle.Enorme libro, en verdad.
































