Críticas de Libros


Todos los secretos de 'La noche del cazador'

Extraordinario libro sobre la única película de Charles Laughton




Autor: Víctor Guerrero
'Heaven and Hell to play with' es un libro de Preston Neal Jones que explica todos los entresijos de La noche del cazador, la única película dirigida por Charles Laughton en toda su carrera. Por supuesto no hay forma de encontrarlo en España, así que hay que esperar unas semanas para que cruce el Atlántico y otras cuantas para poder leerlo si no sabes inglés. Pero el esfuerzo vale la pena.
Jones escribió el libro en 2002 basándose en entrevistas realizadas al equipo técnico y artístico de la película, pero también ayudándose del material filmado que se quedó en la sala de montaje y que, hasta la fecha, sólo puede verse en la Universidad de California.
Ocho horas de tomas, escenas eliminadas, variaciones de diálogos y anécdotas del reparto que podemos reproducir en nuestras cabezas durante 400 páginas, a la espera de que alguna distribuidora las incluya en una edición en DVD que sea como Dios manda (nunca mejor dicho).
Como es lógico, el hilo conductor del relato es Charles Laughton. Es digna de elogio la obstinación de este hombre por llevar adelante su proyecto y, de paso, es aún más digno resaltar la injusticia que se cometió al no dejar que nunca más pudiera dirigir una película.
Porque si La noche del cazador ha pasado a la historia del cine y es considerada una obra de culto, es por la mirada de Laughton a través de la cámara. Un hombre de talento que, en contra de la leyenda popular, se portó muy bien con los niños protagonistas (aunque intuyo que la niña no era muy de su gusto) y se dejó aconsejar por fotógrafos, diseñadores de producción y músicos. En este sentido, había algo de inseguridad en el comportamiento de Laughton, y es normal si tenemos en cuenta que era su debut.
Los testimonios se suceden como si estuviéramos viendo el típico documental 'making-of'. Hay declaraciones de Davis Grubb, el autor de la novela original, en general muy conforme con las ideas de Laughton. Asistimos a la locura de James Agee, que escribió un primer guión tan grueso como las páginas amarillas y acabó sus días aullando a espectros que sólo veía él.
Por supuesto está Robert Mitchum, el cazador, satisfecho de la admiración que le profesaba su director y que era del todo recíproca, aunque le costara reconocerlo. Y también Hilyard M. Brown, el genio que diseñó esos escenarios tan mágicos y minimalistas, o Stanley Cortez, el más crítico con los métodos de Laughton, a pesar de lo cual fotografió un increíble universo en blanco y negro.
En fin, son muchas las anécdotas que podríamos enumerar, pero tampoco es plan de destripar el libro. Si acaso, en el futuro, iremos desgranando poco a poco los métodos de trabajo de Laughton, la composición de las escenas, la interpretación de los protagonistas. También lo que vino después, la poca repercusión de su estreno y el posterior (aunque tardío) ascenso a los altares del séptimo arte. De momento, ¿qué tal si os cuento de nuevo la ancestral lucha de la mano derecha y la mano izquierda?































