Críticas de Libros

El misterioso Bern Traven

'El tesoro de Sierra Madre' alimentó la leyenda del autor estadounidense

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El misterioso Bern Traven

Autor: Frederic Soldevila

El enigma que siempre envolvió la personalidad de Bern Traven ha ido a menudo unido a la fascinación que han creado sus obras. 'El barco de los muertos' (1926, de próxima aparición en esta misma editorial) y 'El tesoro de Sierra Madre' que hoy presentamos (1935), entre otras, alimentaron la leyenda de un luchador por los derechos de los más débiles y enemigo de la injusticia.

El autor estadounidense, del cual este año se celebra el cuarenta aniversario de su muerte,pertenece a la clase digamos de los escritores ocultos, como J. D. Salinger oThomas Ruggles Pynchon, huidos de la sociedad de las letras y zafados de la mirada del mundo, una especie de tradición o constante que creo no se da en otras artes.

El más puro de estos individuos puede que sea Bern Traven, del que parece ignorarse todo (al parecer nació en 1890), excepto que probablemente se trataba de un combatiente alemán que se perdió por Méjico tras la derrota de su país en la Segunda Guerra Mundial.

Ciertamente, en la psicología del escritor suele producirse, si es que no venía de origen, un desdén por la sociedad y sus maneras que habitualmente coincide con el arranque de su escritura. La fantasía de ser otro o de no ser nadie es frecuente y cabal incluso en aquellos que no cesan de exponerse.

El que más y el que menos ha ensoñado alguna vez con cambiarse el nombre a mitad de carrera o en firmar con seudónimo, en la ilusión de que eso dará alas a sus palabras y él se liberará con ellas de esas ruedas de molino que le han colgado del alma y de la pluma. Los hay incluso que escriben para poder dejar de hacerlo y así convertirse en prófugos notorios.

Traven es autor de un buen número de novelas de aventuras que emparentan su narrativa con la de algunos de los mejores autores clásicos del género, como Jack London, John Steinbeck, Joseph Conrad o Joseph Roth.

Al cumplirse cuatro décadas de su muerte, Acantilado acaba de editar El tesoro de Sierra Madre, su novela más conocida, y anuncia la próxima edición de 'El barco los muertos'. De 'El tesoro de Sierra Madre', publicada por vez primera en 1927,puede decirse quees una espléndida novela de aventuras en la que tres desarraigados estadounidenses se encuentran en México y unen sus esfuerzos en la búsqueda de una mina de oro. Encontramos en el libro los principales ingredientes del género: acción, espacios abiertos, diálogos brillantes e intriga y suspense hasta el final.

Pero Traven no se queda sólo en la aventura y muestra también, con evidente intención crítica, la miseria, la explotación laboral y las desigualdades económicas de la sociedad mexicana de la época, fielmente retratada en el libro.

Porque, por encima de todo, El tesoro de Sierra Madre es un claro alegato contra la ambición de los humanos ("De cualquier modo -dijo Howard, el viejo- el oro es algo endemoniado; créanme, chamacos. En primer lugar suele cambiar totalmente el carácter de los hombres. Cuando se ha conseguido, el alma no es la misma que antes de obtenerlo, y nadie escapa a esto. Puede llegar a amontonarse tanto que será imposible transportarlo, pero mientras más se tiene más se ambiciona y ocurre lo que cuando alguien se sienta ante la ruleta, que siempre piensa en una última vuelta. Así, el afán sigue indefinidamente. Se pierde la noción del bien y del mal, se olvida la diferencia entre lo honesto y lo deshonesto, se pierde la facultad de juzgar", capítulo II.

Howard, como voz de la experiencia y del propio autor, revela ya al principio de la novela los peligros a los que se expondrán los protagonistas). Efectivamente, la fiebre del oro y el afán de riqueza acaban convirtiéndose en una verdadera maldición para los personajes de la novela. La codicia y el egoísmo los transforman por momentos en verdaderas fieras, desconfiados, violentos y destructivos, capaces de todo con tal de alcanzar sus obsesivos y febriles objetivos.

La novela adquiere una enorme tensión dramática, excepto en dos capítulos a mi juicio largos y que cortan bruscamente la narración, si aportar nada al relato, desconectados y ralentizadores de la acción. Uno de ellos es el capítulo dedicado al bandolero Genaro Monterreal (capítulo XII), en donde se nos explica de manera quizá demasiado prolija un atraco a un ferrocarril por parte de su banda,con unas plomizas disquisiciones sobre la naturaleza de la religión y sus oficiantes; y otro la explicación del origen de la mina a la que acudirán los protagonistas, relatándonos la hisoria del campesino rico, jefe de los indios chiricahua, vecino de Huacal, cuyo único hijo y heredero es ciego, y por ello hace un pacto con un monje para tratar de devolverle la vista a su hijo a cambio de una mina que él posee(capítulo XVI).

"Los fantasmas del oro": la visión deJohn Huston

Las posibilidades que ese material ofrecía para que JohnHuston desarrolara a partir de él una historia cuyas implicaciones le eran considerablemente cercanas le llevaron a madurar el guión durante varios años.

La segunda Guerra Mundial y su alistamiento en 1942, que le llevó a filmar varios documentales en el frente, se lo impidieron. Su espléndido debut con El halcón maltés en 1941 le granjearon tanto la protección del productor de origen alemán Henry Blanke como del poderoso Jack L. Warner.

La compañía ya se había planteado rodar El tesoro de Sierra Madre, con Edward G. Robinson al frente del reparto, pero el guión encargado al también director Robert Rossen resultó insatisfactorio, quedando el proyecto no ya aparcado, sino en espera de que Huston pudiera hacerse cargo de él.

Era un honor inusitado, tratándose de un realizador principiante, pero gozaba de las simpatías de dos mentores com Blanke y Warner. Prueba de la confianza que Jack L. Warner tenía en Huston era su autorización para que el film se rodara íntegramente en el extranjero, en este caso México, algo inusual para el Hollywood de la época.

Así, todo el rodaje del film estuvo presidido por la voluntad de Huston de adentrarse en las montañas y buscar en ellas los exteriores y las localizaciones más adecuadas. El mismo rodó personalmente todos los planos, sin recurrir en ningún momento a la colaboración de especialistas para las secuencias de acción.

Ello hizo posible una fructífera y enriquecedora convivencia con los personajes a los que hizo suyos, y retrató como si fueran criaturas directamente engendradas por él.

El guión definitivo estuvo listo en tan sólo tres meses, y Huston quería no sólo reservar el papel de Dobbs a Humphrey Bogart -amigo suyo desde que se conocieran durante el rodaje de El último refugio, la película de Raoul Walsh con guión de Huston que había convertido en estrella al actor- sino que su padre, Walter Huston, interpretara el papel de Howard, el viejo buscador de oro más experimentado (Traven escribe, en el capítulo IV, "Curtin y Dobbs se dieron cuenta inmediatamente de que sin la ayuda de Howard nada hubieran podido hacer, pues de ir solos ni siquiera hubieran sido capaces de seguir una huella. No teníasn idea de lo que debían hacer con los burros durante la noche, ni de cómo acomodarles la xarga, nide cómo conducirlos por los caminos rocosos entre las altas montañas, por los que difícilmente podían ellos, en ocasiones, guardar el equilibrio").

Como un poema trágico, El tesoro de Sierra Madre sanciona con estremecedora lucidez el fracaso de una aventura en la que tres hombres han descubierto que son capaces de ser ellos mismos por encima y a pesar de todas las dificultades. Conscientes de haber contado su propia identidad, el irrisorio desenlace provoca la liberación del instinto y la explicitación de su mayor triunfo: han perdido el oro pero han conquistado su propia estima.

Probablemente seguirán buscando y, con toda seguridad, la próxima aventura les dará una nueva oportunidad para afianzar su dignidad. Un verdadero decálogo de fracasados, de desheredados, de seres desprovistos de cualquier código ético que luchanfuertemente para esquivar su mal fario y alcanzar lo que nunca tendrán: una vida cómoda y apacible.

En este sentido, Fred Dobbs (Bogart) sintetiza a la perfección ese prototipo. Despojado de cualquier atisbo de firmeza, integridad o empatía, Dobbs tritura nuestra ingenua y romántica percepción del aventurero por excelencia y se nos revela como un tipo mezquino, cobarde e indeseable. Aún así, el retoño de Walter no quiso ser excesivamente implacable con su público y le reservó a su progenitor un papel algo más agradecido y carismático.

Nadie mejor que su propio padre podría haber personificado esa socarronería y picaresca tan genuinamente hustoniana.La cinta se apoya en un guión soberbio que capta bien el espíritu de la novela original y lo traslada con eficacia al celuloide, casi sin variaciones, diálogo por diálogo, palabra por palabra (así, sólo el nombre de James Cody - Robert W. Lacaud en la novela -y su muerte- en el ataque de los bandoleros en la película, no así en la novela, que permanece con ellos más tiempo-aparece como una de las pocas variaciones respecto a la novela).

Capítulos como el personaje del traje blanco que por tres vecs ofrece su limosna de un pesoa Dobbs,el niño mexicano de la cantina que le insiste a Dobbs de que le compre un número de lotería, o la estancia en la lúgrube pensión el oso negro (mucho más detallado en la novela, a mi juicio la parte que roza más la perfección de toda la obra), o el duro trabajo que les ofrece el capataz Pat Mc Cormick son idénticos a la novela.

Son escenas destacadas, como ya he mencionado,la de la carcajada de Howard seguida de la de Curtin (que sirvió de inspiración a Sam Peckinpah en Grupo salvaje, 1969), y que contra lo que suele pensarse, ya estaba en la novela ("Howard reflexionó unos instantes como si quisiera fijar en su mente todo aquello y después dejó escapar, como en un rugido, una carcajada homérica que hizo pensar a sus compañeros que se había vuelto loco", capítulo XXVI); la represalia a golpes de Dobbs y Curtin contra el capataz que les ha engañado, Mc Cormick; la tormenta de arena, los obsequios del poblado indígena a Howard (loro, cochinillo...),etc.

Son destacables el cameo de John Huston en el papel de norteamericano vestido de blanco al que Dobbs pide limosna tres veces y el de Ann Sheridanen el papel (no acreditado) de prostituta que mira a Dobbs cuando sale de la barbería.

Se ha hablado de la influencia o de la resonancia de Avaricia de Erich Von Stroheim en la película de huston. El peso de la ambición, el simbolismo que alcanza la carrera en busca del oro, la crispación tensa y dramática que adquiere su persecución, pueden ser elementos que justifiquen dicha alusión.

Sin embargo, la implicación visceral de Huston a la hora de narrar con tanto brío una historia como ésta, se traduce en la fuerza y en la belleza visual que alcanzan sus imágenes. El tesoro de Sierra Madre es también una película controlada y firme, narrada con la fluidez necesaria y desarrollada conforme a un guión bastante medido. Todo ello la convierte en una obra muy acabada y perfecta, a la cual no cabría otro reparo que el de una cierta tentación discursiva en sus aspectos narrativos.

Sublime exposición de personajes, cuya contraposición despliega un soberbio estudio psicológico de la naturaleza humana que sirve para plasmar con crudeza esos sentimientos. Hombres procedentes de distinto origen y pertenecientes a diferentes generaciones, bien diferenciados en sus respectivos retratos, marginados de su propio mundo, y lanzados a la busca del oro menos por el afán de riqueza que por la necesidad de vivir el riesgo de la aventura.

Out-siders errantes, característicos de los novelistas de la generación perdida, precursores de Jack Kerouac y enfrentados permanentemente a sus condiciones de vida, los personajes hustonianos contemplan cómo el oro regresa a la tierra de la que había sido arrancado. Su reacción es la única consecuente que tenían a su alcance: las carcajadas aún resuenan el la memoria cuando cuando Billy Dannreuther / Humphrey Bogart, las traiga de nuevo hasta nosotros en el desenlace de La burla del diablo (1953).

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