Críticas de Libros

'Drácula", joya de la literatura

Más de cien años de buena salud para este imprescindible

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'Drácula

Autor: Christian Aguilera

Dublinés de nacimiento, Abraham Stoker (1847-1912), en arte Bram Stoker, debe gran parte de su reconocimiento internacional al hecho de haber alumbrado, a los cincuenta años de edad, una de las joyas de la literatura fantástica, 'Drácula'. Novela finisecular, que guarda una estructura narrativa en clave epistolar, muy acorde con los gustos literarios de los escritores de la época, 'Drácula' deviene, junto al 'Frankenstein: el mito de Prometeo' de Mary Shelley, uno de los pilares fundamentales de lo que se ha dado en llamar la narrativa de terror gótica.

No en vano, Sheridan Le Fanu, un poco (re)conocido escritor de lengua inglesa versado en relatos cortos y que podría considerarse uno de los precursores de esta corriente literaria, ejercería una extraordinaria influencia en el joven Abraham, que más tarde se vería reflejada en sus obras, tales como 'La joya de las siete estrellas' o 'Miss Betty', concebidas al albur del éxito cosechado con su masterpiece.

Muchos han sido los ensayos que han tratado de establecer analogías entre el personaje literario creado por la pluma de Stoker, el siniestro Conde Von Drácula, morador de un castillo situado en la región de Transilvania, en el corazón de Europa, y el propio escritor, cuya vinculación a la Orden Hermética del Alba de Oro -una suerte de secta relacionada con las prácticas ocultistas que acogió en su seno a colegas como Robert Stevenson o poetas como William Butler Yeats, entre otros- alimentaría ciertas especulaciones sobre su extraña personalidad, marcada por una enfermedad hereditaria desconocida por aquel entonces que le afectaría sobremanera durante su infancia y adolescencia.

En esta edición de lujo que presenta Mondadori, en su afán por acercar a un público heterogéneo clásicos de la literatura como 'Los tres mosqueteros', 'Robinson Crusoe' o 'Los papeles póstumos del Club Pickwick', podemos degustar una novela con una cuidada prosa, capaz de transferirnos a un mundo poblado de elementos sobrenaturales ?referidos, en algunos casos, a las leyendas y los mitos tanto del centro de Europa como de Gran Bretaña? narrada a través de distintas voces, en forma de relatos epistolares como apuntábamos anteriormente.

De allí que su adaptación al cine presente innumerables problemas de estructura, amén de su extensión, que rebasa el medio millar de páginas. Un medio que, por otra parte, el propio Bram Stoker vio nacer, sobre todo a través de su principal mentor, Sir Henry Irving, actor teatral y escritor ocasional.

Teniendo en cuenta que la publicación del libro se produjo por primera vez en 1897, es decir, tan sólo un par de años del advenimiento del cine, los más de cien años que atesora este noble arte han propiciado un gran número de películas que toman como referente la célebre novela de Stoker. Pero no será este el espacio para abordar y escudriñar cada una de estas versiones, sino más bien el hecho de reseñar aquellos títulos que, con mayor o menor fidelidad sobre el original literario, han trascendido a los periodos en los que fueron concebidos.

En primer término, el Drácula (1931) de Tod Browning se inscribiría dentro de la estética de las producciones de la Universal, apuntando algunas ideas, en especial, en torno al personaje de Jonathan Harker que serían retomadas en posteriores versiones. Aunque de esta primigenia adaptación sonora permanece para los anales de la historia del cine la composición histriónica a cargo de Béla Lugosi, quien dado su origen húngaro conocía de primero los ambientes por los que transita su trasunto literario.

Asimismo, nos debemos remontar a finales de los años cincuenta para encontrar otro actor marcado por el personaje del inmortal vampiro, esto es, Christopher Lee en uno de los films seminales de la factoría Hammer en su especialización dentro del género de terror gótico.

Con el fin de mantener una cierta distancia con la obra del escritor irlandés, la Hammer se cuidó de utilizar el título Horror of Dracula (menos sutiles fueron los distribuidores españoles, que optaron por estrenarla con un escueto Drácula), ya que buena parte de los personajes secundarios que aparecen en la novela quedan relegados al olvido, sin (apenas) aparecer en pantalla o ser citados.

Después de que la mítica productora británica tuviera al personaje de Drácula (con su alter ego cinematográfico, Christopher Lee, como principal reclamo en taquilla bajo la dirección de Terence Fisher) como uno de sus «buques insignia», el relevo lo tomaría, siguiendo la senda de las adaptaciones más interesantes dentro de la ingente producción de títulos en torno a la figura del conde Drácula, ya a finales de los setenta, un subestimado film homónimo concebido por John Badham.

En este film, Van Helsing, el «cazavampiros», toma un mayor protagonismo, además de mantener una mayor fidelidad al original que anteriores versiones. Para muchos estudiosos, la producción orquestada por Badham quedaría eclipsada con el paso del tiempo por la representación en la gran pantalla del Drácula de Francis Ford Coppola, quien en un alarde de arrogancia, o cuanto menos, de inmodestia, bautizaría su película anteponiendo su título el nombre de Bram Stoker al del mito vampírico por excelencia.

Pero, lejos de entenderse como la obra definitiva que parte de la obra magna de Stoker, ésta ofrece múltiples lecturas, algunas que han permanecido aún soterradas, otras que han debido filtrarse para adecuarse a los espectadores de una época determinada. En cualquier caso, el 'Drácula' literario sigue gozando de buena salud a pesar de haber cumplido los ciento nueve años. No en vano, una de las señas de identidad de su personaje central es su inmortalidad...

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