Críticas de Libros


'Cumbres borrascosas', maraña de pasiones y odios

Clásico de la literatura, la obra no fue aceptada en su momento por su rudeza




Autor: Frederic Soldevila
Brontë nació el 30 de julio de 1818 en Thorton, Inglaterra y dos años más tarde, en 1820, la familia se trasladó a Haworth, en Yorkshire, en donde la novelista vivió toda su vida. En julio de 1845 terminó de escribir Cumbres Borrascosas, que se publicó en diciembre de 1847, siendo muy mal acogida por el público, ya que su estilo, rudo y salvaje, se apartaba por completo del imperante en la época, hasta el punto de que durante años el libro fue olvidado por no considerársele, ni siquiera, una buena novela.
Tanto más sorprendente este hecho, cuando su hermana Charlotte se hacía famosa con Jane Eyre convirtiéndose en una escritora consagrada. Emily murió en 1848 a la edad de treinta años. La novela, como es ya sabido, narra una trágica historia de pasiones encontradas en la Inglaterra rural más conservadora. Lockwood, el nuevo inquilino de la Granja de Los Tordos, situada en los inhóspitos páramos de Yorkshire, se ve forzado a buscar refugio una noche en Cumbres Borrascosas, el hogar de su casero.
Allí descubre los hechos que tuvieron lugar unos años antes: la intensa pasión entre el joven Heathcliff y Catherine Earnshaw, y su traición hacia él. Dado que la amargura y la venganza de Heathcliff revierten en la siguiente generación, a sus inocentes herederos no les queda más remedio que luchar por escapar del legado del pasado. y es que Catherine, la hija de una familia distinguida, y Heatcliff, un campesino adoptado por esa familia,pasan de ser compañeros de juegos en la infancia a enamorarse.
Las secuelas de ese amor imposible -lo impiden las normas sociales de la época- afectarán a sus protagonistas y también a sus descendientes a lo largo de varias generaciones. Cumbres borrascosas hipnotiza y envuelve en una maraña de pasiones, odio, sed de venganza, amor no correspondido, desengaño, desesperanza... Los personajes giran en torno a un hogar que deja de serlo a voluntad y capricho de Heatcliff, un hombre imponente, de fuerte carácter y movido por la ira y el rencor hacia la familia que, aunque lo acogió, nunca lo consideró más que un niño abandonado recogido de las calles de la ciudad.
El niño despreciado creció para odiar más que nadie. El señor Earnshaw nunca imaginó que aquél niño de grandes ojos, a quien brindó su casa, terminaría siendo el amo y señor de ésta y todos sus habitantes, engendrando un ambiente de miedo y violencia. La novela no sólo posee un increíble estilo descriptivo que introduce al lector en el drama desarrollado en una antigua casa de campo, sino que también brinda un excelente análisis de la naturaleza humana, sus errores, defectos y sentimientos.
En suma, la historia de tres generaciones de una familia de la Inglaterra rural que conviven con la fuerza de la pasión, el amor, el odio y su propio destino. Una novela que ha trascendido de la época Victoriana para convertirse en un clásico, que ahora la editorial Siruela presenta en una magnífica edición revisada y actualizada, con nueva traducción de Cristina Sánchez Andrade.
Coincidiendo con el espíritu romántico de su época, Emily Brontë concibe una literatura en la que parece buscarse, sobre todo, a sí misma. Así, podríamos identificar a la autora en el personaje de Catherine Earnshaw, e intuir parte de su personalidad a partir de esta protagonista. Esta identificación con los personajes y la búsqueda de uno mismo a partir de ellos es muy propio del escritor romántico.Cumbres Borrascosas rompe con las leyes establecidas anteriormente.
Como observaron algunos críticos de su época, la obra es demasiado pasional y turbulenta, y sus personajes no respetan el orden y la jerarquía de la sociedad del momento, una sociedad que por el cambio que representa la obra de Emily Bronte no duda en censurarla y no hace el más mínimo elogio a su búsqueda por la libertad creadora.
Otra relación de los personajes de Cumbres Borrascosas con los románticos es su rebeldía contra el orden del mundo heredado, y la conciencia de que en el interior del ser humano existen diferentes fuerzas, a veces contradictorias, que pueden conllevar la autodestrucción. El romántico cree que la razón y el sentimiento no tienen porque separarse.
Así, Catherine sabe que su destino está definitivamente atado a Heathcliff, pero así y todo se casa con Linton, desafiando a la Naturaleza y creando sentimientos ambiguos que la arrastraran hasta la muerte, dónde se liberará para siempre. Catherine y Heathcliff, que son los máximos sujetos representantes del romanticismo en la obra, ya que los otros personajes siguen una línea más bien tradicional y costumbrista, se rebelan contra los habitantes de las Cumbres, que no aceptan esta búsqueda de la libertad y los quieren someter.
Ambos personajes creen en el amor verdadero y lo asocian con la muerte, creen que después de la muerte van a encontrarse y que las ánimas muertas pueden volver e irrumpir en las vidas de los mortales. Sin este sentimiento de amor puro por alguien o algo, y sin la creencia de que la muerte puede convertirse en vida, la existencia de una persona romántica no tendría sentido.
Es el caso también de Heathcliff y Catherine, y de seguramente, la hija de Catherine también. Para los románticos, Dios no es sino el sentimiento interior por el que actúan motivados y entusiasmados. Catherine y Heathcliff no sienten inclinación alguna hacia el Evangelio, pero sus espíritus están llenos de sentimiento de un ser supremo que guía sus ánimas, y que los comunica con el Todo.
Los demás habitantes de Cumbres Borrascosas encarnan el mundo tradicionalista que seguramente tuvo que soportar la autora en algunos de los colegios donde estudió y en la gente de su alrededor a excepción de su familia. Emily Bronte ama la libertad en un mundo en el cual su familia es diferente por basarse en ella, como Catherine Earnshaw la busca también a pesar de las trabas y contradicciones que ofrecen los demás personajes de la obra.Un clásico de la literatura inglesa Cumbres borrascosas es el páramo maldito donde nace un amor fronterizo entre el incesto y los sueños que no pueden cumplirse, pues su cumplimiento implicaría la locura y la entrega absoluta a los fantasmas del deseo.
Pero, ¿Qué es Cumbres borrascosas? ¿Un lugar entre la tierra y el cielo? ¿Un lugar entre el cielo y el infierno, donde los vivos pueden convivir con los muertos? ¿Un lugar donde los hijos fantasmales de Catherine y Heathcliff pueden vengarse despiadadamente de los hijos que ambos tuvieron con extraños, con otros que no eran ellos mismos?. «Yo soy Heathcliff», reconocerá Catherine, casi de la misma manera que Flaubert cuando decía que era Madame Bovary. Y es que Heathcliff también es una creación de Catherine, de su deseo y también de su alma partida en dos territorios enemigos e irreconciliables.
De ahí que más que una historia de amor, Cumbres borrascosas sea la crónica íntima de una dependencia vivida hasta la desesperación, el relato que desvela los lazos de dos seres que estuvieron tan unidos que llegaron a intercambiarse sus identidades y todas sus carencias fundamentales. Por eso tras la muerte, el fantasma de Catherine, ya reducido a carencia pavorosa (a carencia de carne y de hueso) vagará sin descanso por el páramo: otra imagen de la carencia y hasta de la miseria.
La moraleja final de la historia atañe a la idea de destino en el más claro de sus sentidos, sugiriendo que quien no cumple su destino en esta vida está condenado a cumplirlo en un mundo fantasmal, donde la carencia es mucho más radical, y más desatado el deseo. Asimismo, es muy valioso analizar las relaciones de poder que se establecen entre los personajes de la novela.
En la obra Cumbres Borrascosas se dan a conocer dos principales ejemplos de lo que es el poder, el poder económico y el poder autoritario. El poder económico se ve claramente en gran parte de la obra y emprendido por Heathcliff cuando muere Hindley. Se nota como ahora él ya no es el mismo ser harapiento de antes, o cuando llega a la casa de los Linton pero ya bien vestido gracias al poder que proporciona el dinero, también cuando muere Edgar y el mismo Heathcliff se adjudica todas las propiedades de los Linton.
El poder autoritario, al igual que el poder económico, se ve representado por Heathcliff en varias ocasiones: cuando su hijo Linton vuelve con él y Heathcliff tiene ahora tiene el poder autoritario sobre él, también cuando muere Edgar y Catherine se encuentra casada con Linton, se ve como ahora los domina a los dos juntos. Otro ejemplo sería como después de la muerte de Hindley Heathcliff se hace cargo de su hijo Hareton.
La versión cinematográfica de William Wyler A pesar de que existe una versión de Cumbres borrascosas fechada en 1976 y dirigida por Grazio D'Angelo, con José Bardina y Elluz Peraza como protagonistas, las versiones del clásico de Emily Brontë podríamos considerar que son cuatro. La primera de ellas es la dirigida por William Wyler en 1939, con música de Alfred Newman, cuyo argumento puede resumirse así: Los Earnshaws son terratenientes en la Inglaterra del siglo XIX.
Un día el padre llega a casa desde la ciudad con un muchacho que se llama Heathcliff (Laurence Oliver). El hijo, Hindley (Hugh Williams), lo rechaza, pero en cambio su hermana Cathy (Merle Oberon) establece una estrecha relación de amistad con él. Después de la muerte de los padres los jóvenes son independientes y felices, si bien sigue la enemistad de Hindley hacia Heathcliff.
Las cosas cambian cuando Cathy comienza a ver a Edgar (David Niven), el hijo de un rico vecino. La naturaleza voluble y los deseos de grandeza de Cathy harán que se case, para desesperación de Heathcliff, con el adinerado Edgard Linton. El film despliega una atmósfera pasional, melancólica y hasta cierto punto lírica gracias a la idónea utilización y significación de los elementos naturales.
Está construido principalmente en base a impulsos amorosos y caprichos materialistas de la protagonista femenina, más que en la interacción de los diferentes personajes confluyentes en esta intensa historia. Narrado en flashback, la película va desarrollando las ansias sentimentales de Heathcliff, llevando los vértices principales de la película a los temas de la obsesión o el recuerdo amoroso, las apariencias, los choques de clases y sentimientos atemporales y universales como el odio, la amargura o la venganza.
































