Críticas de Bandas sonoras

'Laura', la sentimental victoria de David Raksin

El compositor ganó la batalla a Otto Preminger y Darryl F. Zanuck

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'Laura', la sentimental victoria de David Raksin

Autor: Roberto Cueto

Si consideramos que la melodía que David Raksin compuso para el filme de Otto Preminger Laura es uno de los temas más escuchados, grabados y versionados de toda la historia de la música de cine y si tenemos la sensación de que hoy el filme sería impensable sin esa música, cuesta creer la azarosa historia que rodeó su composi­ción y que, por cuestión de unas pocas horas, esa música estuvo a punto de no ver nunca la luz.

Todo empezó con una serie de negativas: Daryl F. Zanuck, pro­ductor del filme, ofreció la película a Alfred Newman, pero éste declinó dicha oferta por considerarla poca cosa y preferir dedicarse a otros proyectos de mayor envergadura. Zanuck pensó enton­ces que el tono de intriga y misterio de la historia le iría bien a las sombrías sonoridades de Bernard Herrmann, y le dio la oportuni­dad de hacer el score. Pero Herrmann, en uno de los ataques de genio que lo caracterizaban, dijo que si la película no era lo sufi­cientemente buena para Newman, tampoco tenía por qué serlo para él.

Al final, el proyecto recayó en David Raksin, un composi­tor especializado en las más oscuras series B de la 20th Century Fox. La primera vez que Raksin vio el filme se dio cuenta de que antes que una historia policíaca o de intrigase encontraba ante una historia de amor: la que el detective McPherson (Dana Andrews) siente por la fascinante Laura (Gene Tierney).

Sin embargo, al aca­bar la proyección, Zanuck decidió cortar una escena que él consi­deraba sin trascendencia, pero que Raksin creía de vital importan­cia: la secuencia en la que McPherson registra el apartamento de Laura y empieza a mostrarse obsesionado por ella.

Raksin alegó que si cortaba esa escena el público no sabría que el detective esta­ba enamorado de Laura, una mujer a la que sólo había visto en un cuadro y conocía por referencias de otros. Indignado, Zanuck hizo encender las luces de la sala y preguntó: "¿Quién es ése que ha hablado?". Alguien le contestó: "Es el músico".

Sin acobardarse, Raksin defendió sus argumentos, pero Zanuck le dijo que el públi­co no notaría en esa escena los sentimientos del detective, sólo lo vería registrar un apartamento. "Será la música quien se lo dirá", aseguró Raksin. Zanuck decidió darle un margen de confianza y le dijo que pusiera música a la escena para ver cómo funcionaba "Pero", le advirtió, "si la escena no funciona, será culpa tuya".

Raksin había ganado una batalla, pero no la guerra. Enseguida se enteró de que, por su parte, el director Otto Preminger que­ría usar como melodía principal del filme el 'Summertime' de la ópera de George Gershwin 'Porgy and Bess'; como no consiguió los derechos, se decantó por una célebre melodía de Duke Elling­ton, 'Sophisticated Ladies'.

Raksin le advirtió que seria un error emplearla, ya que provocaría una serie de asociaciones con el per­sonaje de Laura, "¿Y por qué no?", preguntó Preminger, "¡Laura es una putal". "¿Según las ideas de quién, señor Preminger?", replicó Raksin. Indignado, Preminger se volvió a Alfred Newman, quien iba a dirigir la música, y le espetó: "Al, ¿de dónde has sacado a este tipo?". Pero, finalmente, Preminger optó por una solución salo­mónica: "Muchacho", le dijo a Raksin, "estamos a viernes: si el lu­nes me traes una buena melodía la usaremos; si no, 'Sophisticated Ladies'".

La segunda victoria de Raksin, sin embargo, pronto se vio ensombrecida de nuevo: durante un fin de semana entero se sentó delante del piano intentando sacar una buena melodía, pero la inspiración no llegaba. Entonces recordó algo: una carta de su esposa que tenía en su bolsillo y que no se había atrevido a abrir hasta entonces porque temía malas noticias.

Entonces lo hizo: efectiva­mente, su mujer le pedía el divorcio. Raksin dejó la carta sobre el piano y empezó a teclear: poco a poco el desinhibido sentimenta­lismo de la melodía de Laura empezó a tomar forma y el lunes Preminger se había olvidado por completo de 'Sophisticated Ladies'. "Puede que la melodía de Laura no parezca más que uno de tantos temas pegadizos y sensibleros de Hollywood", reconoce el propio Raksin, "pero cuando la compuse el sentimiento del que surgió era auténtico".

El hecho de que la melodía de Laura se haya hecho tan popular se debe, sin duda, a que es fácilmente memorizable y cantable (lo que en inglés se denomina rutie, una melodía "pegadiza"). Aunque de educación clásica, Raksin se formó en los ambientes del musical y él siempre ha expresado su admiración por las tunes de Harry Warren, Jerome Kern o Richard Rodgers. El tema de Laura tiene algo de ese estilo y, por ello, se adecúa al ambiente de alta sociedad en que transcurre la película.

Pero, además, el tema es tan fácil­mente moldeable a todo tipo de variaciones, que Raksin es capaz de trascenderlo a los terrenos de un romanticismo, un sentimenta­lismo incluso, que es el núcleo escondido del filme.

En la famosa escena que Zanuck quería cortar, descubrimos por vez primera la obsesión del detective: el registro del aparta­mento es acompañado por la típica música de suspense que ya era un cliché entonces, pero, el tema de Laura se va intercalando hábil­mente siempre que los movimientos del detetctive lo hacen pasar (¿inconscientemente?) por delante del retrato o cuando entra en el dormitorio de Laura y toca alguno de sus objetos personales con afán casi fetichista.

Finalmente, McPherson se queda mirando el cuadro mientras oímos una variación al piano del tema. Sus movimientos nos hacen ver que hay algo que le preocupa, algo en su cabeza, pero no nos dice qué; la música es la que nos proporciona esa información: es Laura. Por ello, la escena siguiente en la que Waldo Laedecker (Clifton Webb) le dice que ha descubierto que está enamorado de Laura es redundante: tal vez Preminger no con­fió en la capacidad del espectador para captarlo que ya se le había dicho sin diálogos, sólo con música e imágenes.

Se ha hablado siempre de la obsesión que McPherson siente con Laura, pero pocas veces se ha destacado cuál es la verdadera historia de amor que late en el trasfondo del filme: el amor no correspondido de Waldo Laedecker hacia Laura, que, por otra parte, es el desencadenante de toda la trama y también la "voz" sobre la que se articula la pelicula.

El inicio del filme es magnífico: un plano secuencia nos muestra la casa de Waldo y a McPherson mirando los objetos que hay en ella, mientras escuchamos la voz en off de Waldo ("Nunca olvidaré el fin de semana que siguió a la muerte de Laura").

El tema de Laura ya nos ha sido presentado en los genéricos, a toda orquesta, pero ahora adquiere aquí una cualidad misteriosa, irreal, ejecutado por la flauta sobre un fondo de arpas y violonchelo y acompañando las palabras de Waldo. Es un tema que comienza a esbozarse, a construirse, como el persona­je de Laura será creado por Waldo para McPherson.

Hemos de tener en cuenta que la Laura real no aparece hasta la segunda mitad del filme; hasta entonces nos ha sido presentada a través de 'flashbacks' narrados por Waldo o por comentarios de otros: es de esa imagen ideal de Laura de la que se enamora McPherson.

Pero esa Laura ideal es, a su vez, creación de Waldo, enamorado en se­creto de ella. La música alude a esa Laura fantasmagórica, especie de fantasía platónica de Waldo y cuya historia recorre soterrada-mente todo el filme, hasta su trágico desvelamiento final: la muerte de Waldo viene acompañada por una repetición del tema en las flautas, muy similar a la del inicio, indicando que con él se desva­nece esa mujer de ficción y queda la Laura real, que se reafirma a sí misma a lo largo de toda la segunda parte del filme, cuando ya no es un personaje creado o mencionado por otros.

La presencia obsesiva de Laura es subrayada por su tema que, precisamente gracias a ser fácilmente memorizable, acaba por ser también obsesionante para el espectador, ya que está presente en todas partes: no sólo en muchos pasajes incidentales del filme, sino también en un fonógrafo o como música de baile en una fiesta, Laura de Waldo parece estar siempre presente, aunque el especta­dor no resuelva el enigma hasta el final: de ese modo la mera histo­ria de detectives y el ambiente frívolo y superficial del filme es tras­cendido a los terrenos de una pasión amorosa obsesiva y destructi­va (la de Waldo por Laura) que será el centro del filme.

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