Críticas de Bandas sonoras


'Horizontes de grandeza', paradigma del género

Jerome Moross ofrece una partitura monumental para el wéstern




Autor: Roberto Cueto
Aunque Aaron Copland llevara dos décadas desarrollando un estilo musical específicamente americano, el western iba asimilando con reticencias y lentitud tal lenguaje. Incluso los trabajos de Tiomkin en la década -más orientados hacia la balada o el folclore mexicano- continuaban teniendo una textura y tratamiento orquestal más cercanos a la escuela europea.
De hecho, quizá el western no encontró su estilo propio -al menos no a tal escala como para ser asimilado definitivamente por el gran público y crear un escuela- hasta la monumental partitura de Jerome Moross para Horizontes de grandeza: es quizá el paradigma por excelencia de la música del género y su estilo ha sido imitado infinidad de veces.No es necesario ver el filme para que la música de Moross evoque inmediatamente la sensación de «espacio abierto», de inmensas llanuras: la técnica de Moross se basa en la asimilación de las melodías folcóricas (pero no en su cita, como haría Copland: los temas del score son todos originales), en su sencillez armónica y en un colorido orquestal luminoso y brillante que intenta expresar en términos específicamente musicales la grandeza del «terreno a conquistar» del Oeste.
En realidad, es un estilo musical que enraiza totalmente con la música no cinematográfica de Moross, que bebe de fuentes similares, y que parte de experiencias personales, no estrictamente del seguimiento de las imágenes del filme: «La primera vez que vi la película recordé mi primer viaje al Oeste: viajando en autobús desde Chicago a Los Ángeles quedé tan impresionado por las grandes llanuras que paré en Albuquerque, entonces una población de apenas 35.000 personas. Paseé por esas llanuras con la sensación de estar solo en esa inmensidad, con las montañas recortadas al fondo, Cuando compuse los títulos de crédito del filme, vino a mi cabeza sin tener que pensarlo».
Horizontes de grandeza es un western ampuloso, de grandes proporciones, y la exuberante música de Moross provoca esa sensación. Pero en su núcleo se esconde algo más: la verdadera trama del filme es el viaje iniciático, el proceso de aprendizaje de Jim MacKay (Gregory Peck) un hombre del Este para integrarse en una tierra nueva y hostil para él.
La música de Moross expresa esa mezcla de excitación y desconcierto ante un mundo de proporciones descomunales y una sociedad regida por otros sistemas de valores, donde la violencia y un arcaico sentido del honor son los motores de los personajes.En ese sentido, los títuios de crédito son modélicos, al sintetizar en apenas tres minutos todo el sentido del filme.
Diseñados por Saul Bass, se inician con un plano detalle de las ruedas de una diligencia lanzada a toda velocidad: el movimiento circular es acompañado por unas turbulentas figuras en la sección de cuerda, que provocan una vertiginosa sensación de «entrada», de violenta irrupción en un entorno inhabitual.
Sobre las cuerdas, fanfarrias enmetales introducen la excepcional melodía central, un auténtico canto a la grandeza del paisaje: para entonces, las imágenes han variado ostensiblemente y vemos cómo, en un gran plano general, la diligencia «rasga» literalmente la superficie de la pradera, la propia horizontalidad y estatismo del encuadre, Moross prefiere pintar grandes panoramas con cierto sabor costumbrista que definir personajes: la bienvenida que los rudos Hannassey dan a McKay es ilustrada por una deliciosa pieza alegre y juguetona, sostenida por un persistente ritmo que describe un modo de vida más simple y desinhibído. Induso el motivo asociado con el personaje de Julie (Jean Simmons) es un desarrollo del tema introducido en las fanfarrias de los genéricos, fundiendo al personaje con el propio entorno en que vive.
Pero Moross también sabe mostrar la violencia latente en esa tierra: las frenéticas y persistentes figuras rítmicas en toda la secuencia del Cañón Blanco o el dramático momento de la muerte de Buck Hannassey (Chuck Gonnors) muestran a un músico también capaz de conferir iuna dimensión trágica al mero descriptivismo o a un grandilocuente tono épico.
Tiomkin hizo westerns con tristes canciones rusas en ellos: sus westerns eran descripciones de las estepas rusas olas llanuras húngaras, pero Horizontes de grandeza era un western con ritmos y melodías realmente americanos', explicó el propio Moross en una entrevista radiofónica con Noah Andre Trudeau.
































