Críticas de Bandas sonoras


'El turista accidental', exploración de sentimientos

Partitura de valor introspectivo




Autor: Christian Aguilera
Resulta muy complicado encontrar un director que con menos de una decena de títulos en su haber pueda presumir de colaboraciones con músicos que han derivado en un trío de bandas sonoras imprescindibles en cualquier discoteca que se precie.
Lawrence Kasdan pertenece a este reducido grupo, y no es por casualidad que tres de los soundtracks más aplaudidos por el aficionado en las décadas de los ochenta y noventa se correspondan con sendas películas suyas firmadas por otros tantos compositores: John Barry (Fuego en el cuerpo), Bruce Broughton (Silverado) y James Newton Howard (Wyatt Earp).
Todas ellas han gozado de una distribución en disco compacto normalizada, no así El turista accidental, que vendría a refrendar el conocimiento musical de Kasdan al incorporar a esta lista de títulos una cuarta cuya autoría recae en John Williams. Desacuerdos de última hora, sin embargo, llevaron a Kasdan a prescindir de Broughton, quien había entrado en el proyecto de El turista accidental casi por inercia, la que le procuraría la obtención de una nominación al Oscar por su trabajo en Silverado (1985).
Es evidente que Lawrence Kasdan debió capitular y pensar que el mejor recambio o, al menos el que le proporcionaría mayores garantías, sería John Williams, con quien ya había formado equipo técnico en En busca del arca perdida (1981) y El retorno del Jedi (1983) cuando el cineasta natural de Florida ejercía de guionista.
Pero estos scores no supusieron obviamente el referente para una partitura que exigía un valor más introspectivo, la modulación de los sentimientos de un individuo (William Hurt) que se inclina hacia un precipicio existencial tras la pérdida de su hijo de corta edad para posteriormente retomar un nuevo impulso en su vida merced a su relación sentimental con una cuidadora de canes (Geena Davis).
Mientras Bruce Broughton inauguraba su colaboración con Peter Hyams ese mismo año con Más fuerte que el odio / The Presidio (1988), Williams asumía como propia la creación de una banda sonora sustentada en unos resortes dramáticos con los que se había familiarizado en numerosas ocasiones.
Inequívocamente, la forma de afrontar cada banda sonora por lo que atañe a John Williams parte de una premisa de cumplimiento obligado: todo film encierra en sí mismo una historia de amor, un motivo de conflicto emocional que debe ser traducido/captado en el pentagrama. Siempre he creído que John Williams es uno de los compositores más cercanos al proceder de Elmer Bernstein.
Ambos han tenido en la elaboración de fanfarrias para diversos géneros su punta de lanza a la hora de ser reconocidos por un amplio espectro de aficionados, pero tanto Williams como Bernstein persiguen, en el fondo, idéntico objetivo: dimensionar el factor humano a través de sus partituras. Este principio vector cobra total intensidad en la columna sonora de El turista accidental, con un dibujo cromático que se basta, en la mayoría de sus pasajes, con la combinación del piano y de sección de cuerda, provocando una cadencia musical que va calando en el espectador.
El compositor neoyorquino se siente capaz de «vestir» su partitura con tonos cálidos, con un sustrato melódico que actúa como un susurro sobre la base de escasas notas que fluctúan en tono e intensidad -siempre dentro de unos márgenes que no provoquen distorsiones- en función del estado de ánimo del personaje central, el del escritor de libros de viajes.
De la amplia selección de obras que Williams ha concebido bajo estos patrones intimistas, Cartas a Iris es la enlaza mejor a todos los niveles con Cartas a Iris (1990), que concibió dos años más tarde. Son films cuyas partituras resultarían fácilmente intercambiables, en la que el detallismo descriptivo anuncia o acompaña un pequeño cambio en las vidas de sendos personajes que crean barreras con su entorno afectivo.
El fallecimiento de Martin Rittmeses después del estreno de Cartas a Iris puso el cierre a una colaboración entre director y compositor que arrancaría a principios de los setenta con Risas y lágrimas (1972). Para Lawrence Kasdan su enmienda a querer contar nuevamente con Williams ha quedado en tan sólo un deseo.
Con esta única colaboración entre ambos hasta la fecha, se refuerza la percepción de obra «de culto» de The Accidental Tourist que el sello Film Score Monthly se ha afanado a reeditar con idéntica música a la que en su día se grabó para el compacto, de edición limitada, publicado por Warner.
Una pieza más dentro de ese rosario de trabajos que van saliendo a la luz y definen a un compositor con un largo recorrido en el terreno de la exploración de los sentimientos humanos susceptibles de ser transferidos en el pentagrama.
































