Críticas de Bandas sonoras


'El león en invierno', obra maestra de Barry

Luminosidad y pasajes lúgubres en una banda sonora única




Autor: Roberto Cueto
En principio, la elección de un músico como el británico John Barry para el drama histórico de Anthony Harvey El león en invierno ?una reconstrucción de las intrigas políticas de Enrique II de Inglaterra? parecía un tanto extraña: surgido del campo del jazz, compositor asociado con ciertos realizadores del free cinema como Richard Lester (para quien compuso la partitura, en puro estilo swinging London, de The Knack en 1965) y, sobre todo, archipopular por componer la música de los filmes de James Bond, Barry podía parecer demasiado frívolo para un proyecto de tal envergadura.
Sin embargo, el músico llevaba casi toda una década experimentando otros estilos musicales (como sus sobrios e inquietantes scores para algunos filmes de Bryan Forbes) y había realizado una soberbia aportación al cine épico, Zulú (1963). Por otra parte, el estilo musical que Barry escogió para El león en invierno no era nuevo para él, pues lo devolvió a sus tiempos de formación con Francis Jackson, maestro de coros de la catedral de York: «Volví a mis raíces, a mis estudios en armonía y contrapunto, aunque todos pensaran que había intentado algo nuevo para mí».
El filme se abre con un espectacular 'Dies Irae' que, sobre unos tenebristas genéricos de capiteles románicos, fija la época de la acción: la Edad Media. El tono lúgubre que marca el comienzo del filme alude a un intento de romper una imagen caballeresca, idealizada de lo medieval: es un mundo de intrigas políticas, de oscurantismo y dominio de la Iglesia, pero también ?paradójicamente? de fuerza, vida y energía, la que representan las tenaces figuras de sus protagonistas, Enrique Plantagenet (Peter O'Toole) y su esposa Leonor de Aquitania (Katharine Hepburn).
Así, Barry establece un violento contraste entre la férrea voluntad del rey (expresada en las enérgicas trompeta.) y el mundo en caos que lo rodea (los coros, con un texto que alude a la convencional imaginería tétrica, de muerte y desolación, del 'Dies Irae'). Las complejas figuras de Enrique y Leonor y sus ambivalentes relaciones (amor/odio, admiración y respeto/traición e intrigas) se establecen también musicalmente, alternando pasajes de gran lirismo con otros mucho más sombríos y agresivos.
La secuencia musical más recordada del filme es la llegada de Leonor al castillo de Chinon, un verdadero prodigio de fusión de música e imagen. Coros femeninos acompañan los planos de la barca en la que Leonor llega por el río, anunciando su llegada (Eleanora Regina Anglorum: Leonor, reina de los ingleses); coros masculinos, los planos de Enrique corriendo a recibirla (Salus et vita: Salud y vida, le responden), todo ello apoyado por la sección de viento.
El entusiasmo, el placer por la vida que empapa musicalmente toda la escena, muestra a la perfeccion el extraño respeto mutuo que sienten los personajes, independientemente de todas las intrigas en que se verán envueltos a partir de ese momento, de sus duelos y traiciones.
En cambio, frente a la serena luminosidad de esa pieza, Barry introduce un lúgubre pasaje para coros masculinos cuando el rey se siente derrotado, sin fuerzas, incapaz de luchar contra las intrigas de sus hijos: sobre un picado de la figura de Enrique (que lo empequeñece, le quita su habitual energía) escuchamos tétricos coros que entonan una de las fórn1ulas del réquiem, Media vita in morte sumus («En medio de la vida estamos muertos»), asociando de nuevo los rituales litúrgicos de la muerte como el factor que se opone a la voluntad de Enrique: recordemos que éste es un hombre que ve cercano su fin y debe decidir quién heredará su reino; de ahí la continua presencia, en el plano musical, del motivo de la muerte.
Sin embargo, el filme se cierra con una nota de bella ambigüedad: tras un soliloquio de Leonor en el que afirma que son «como criaturas en la selva», como seres perdidos luchando por la supervivencia, Enrique y Leonor se despiden, aun admirándose, aun dispuestos a un nuevo enfrentamiento.
Su tesón, su voluntad de vivir parece, en definitiva vencer a la muerte, y Barry se encarga de resaltar esa victoria con una nota triunfal: la despedida final de los protagonistas, con Leonor partiendo en su barca, es acompañada por un glorioso finale con una fanfarria sobre un sostenido de cuerda, trompa y coros.
Haciendo que su música no se inmiscuya ni estorbe los largos pasajes dialogados del filme, pero dando los comentarios musicales precisos sobre los personajes antes que la mera ilustración de los acontecimientos, Barry consiguió una de sus obras maestras y un score que aún despierta admiración.
































