Críticas de Bandas sonoras

Alex North y su pasión mexicana en '¡Viva Zapata!'

El compositor dio rienda suelta a su gusto por el folklore de este país

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Alex North y su pasión mexicana en '¡Viva Zapata!'

Autor: Roberto Cueto

Elia Kazan y Alex North volvieron a reunirse para llevar al cine un guión del novelista John Steinbeck sobre el líder de la revolución mexicana Emiliano Zapata. Al parecer, fue el propio Steinbeck quien exigió que fuera North quien compusiera la música, y éste encontró por fin la oportunidad de recrear uno de sus lenguajes musicales más queridos: el mexicano.

North ya había viajado a México y había cursado estudios con el compositor Silvestre Re­vueltas, pero ahora tuvo la ocasión de regresar para documentarse para la película. El compositor recorrió varias aldeas mexicanas, empapándose de las melodías tradicionales y buscando un estilo que no fuera una mera reinterpretación hollywoodiense de lo mexi­cano, sino que estuviera cercano al verdadero espiritu de los cam­pesinos mexicanos y de la época que retrataba el filme, los tumul­tuosos años de la revolución de Pancho Villa.

El material recogido por North sirvió como base para crear un scoie con verdadero ambiente mexicano, pero que utiliza técnicas mucho más sofisticadas en parte heredadas de su formación en Rusia y de su admiración por la música de Sergei Prokofiev: con­trastando con la simplicidad melódica de las canciones tradicionales mexicanas, de los sonidos de una auténtica banda mariachi e incluso de una bellísima melodía de los indios yaqui, North desa­rrolla un complejo puzzle orquestal a través de inusuales ritmos, precisas puntuaciones de instrumentos como el xilófono que desa­rrollan líneas melódicas o propias o persistentes ostinatos que se oponen contrapuntisticamente al material puramente mexicano.

De nuevo la técnica de Norh es la del contraste, la de la oposición de materiales musicales enfrentados como medio de ilustrar el con­flícto político (la lucha de los zapatistas contra el general Huerta) y el personal (la contradictoria lucha de conciencia de Emiliano Zapata).

El motivo de Zapata es escuchado, nada más empezar el prelu­dio, en las trompetas y trompetas: es un motivo heroico, agresivo, pero no en la tradición del Hollywod clásico: hay algo de conflicti­vo en su carácter, desmembrsdo entre su tono popular (es un hombre sencillo, del pueblo) y una mayor sofisticación que alude a su tortuosa inmersión en el mundo de la política: en brusco contraste, el primer tema que escuchamos tras los genéricos es una sencilla melodía campesina ejecutada por una banda mariachi: representa al pueblo en su estado puro, en la escena en que una delegación de campesinos marcha a la capital a reivindicar sus derechos.

La fusión entre ambos niveles -el personal y el político cuan­do Zapata (Marlon Brando) se convierte en líder de la lucha de los campesinos- se produce en uno de los momentos más prodigio­sos del score, de una fuerza emocional pocas veces superado en la historia del cine.

La secuencia se inicia cuando Zapata es arrestado por los rurales y los campesinos comienzan a realizar una soterrada protesta golpeando con piedras y otros instrumentos: el sonido percusivo, persistente, es retomado en el plano musical con una brillante pieza que se inicia con bongos, timbales y ajustados acordes de guitarra que llevan hasta una primera serena variación del motivo de Zapata ejecutada por una trompeta con sordina.

Enseguida, North introduce un nuevo motivo en el violonchelo: una bellísima melodía mexicana que representa el apoyo que todo un pueblo está dando a un individuo.

Poco a poco, este tema es interrumpido por intrusiones más agresivas del tema de Zapata, hasta llegar a una llamada en los metales similar a la que abría el filme: a partir de aquí, la música crece en intensidad hacia un crescendo donde el tema del pueblo es retomado por toda las sección de cuerda y el ritmo de la percusión se hace más intenso y dramáti­co según en la pantalla va creciendo el número de campesinos que rodean a Zapata.

El final de la pieza funde los dos niveles marcan­do la entrega definitiva del individuo Zapata a la causa general: el motivo de Zapata alcanza un tono triunfal, armonizándose con el clímax del tema del pueblo: a partir de ese momento Zapata es líder de la revolución.

North continúa la nueva corriente de muchos de los jóvenes compositores de Hollwood de buscar una dimensión trágica re­nunciando a los trucos melodramáticos de la escuela clásica, con sus tutti orquestales en los momentos climáticos: así, en escenas como la trágica muerte de Eufemio (Anthony Quinn), el hermano de Zapata, emplea un simple réquiem para guitarra y mandolina de un intensidad lírica escalofriante.

De la misma forma, la larga esce­na de la ejecución de Zapata carece por completo de música. El efecto no busca un distanciamíento por parte del espectador, sino, muy al contrario, una mayor implicación emocional: frente al frío realismo de toda la escena de la muerte, la música realiza una pode­rosa, dramática intervención cuando el cadáver de Zapata es arro­jado en la plaza del pueblo: el motivo de Zapata es desarrollado en una trágica variación, con el habitual sonido del metal acompaña­do por tambores y un desgarrado acompañamiento en las cuerdas.

Pero la muerte de Zapata no significa el fin de la revolución, sino su verdadero comienzo: para iiustrarlo, North recurre a una solu­ción tan sencilla como efectiva, el empleo de la canción revolucio­naria Adelita, que cierra el filme en un espectacular desarrollo a toda orquesta.

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